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Las plantas medicinales

Por Philippe Du Pasquier

Cada planta, como cada cuerpo vivo, está compuesta de niveles energéticos diversos y se relaciona con los seres que la rodean en los niveles de energía correspondientes. La flor atrae a la mariposa, la cual a su vez, se siente atraída por la flor donde consigue su alimento e inconscientemente fecunda a la flor… ¿Difusión de perfume? ¿Irradiación de colores?

Según las leyes de afinidad, que aún no conocemos totalmente, los seres se atraen o se rechazan. El humano se relaciona con el mundo vegetal a diferentes niveles para cubrir algunas de sus necesidades: alimento, vestido, poderes curativos, etc. Por eso tenemos que cuidar el equilibrio con nuestro medio ambiente.

La planta nos comunica sus energías en varios niveles. Por ejemplo, el trigo nutre al músculo con su azúcar, la lechuga nos trae sus fibras y vitaminas. La planta que cura o equilibra las energías no es diferente en sí de la que nutre, la cual también puede curar o desequilibrar las energías del cuerpo.

 

CURAR CON LAS PLANTAS

1. La manera alópata utiliza como "venenos" una o varias plantas cuyas propiedades se conocen por hacer reaccionar un tejido, un órgano, el sistema glandular o el sistema nervioso. Existen también plantas que calman y cicatrizan. Las técnicas de absorción varían: infusiones, decocciones, difusión de los principios activos (en agua o en aceite), maceración (en vino o alcohol), o destilación de las plantas que contienen esencias. A su vez la suministración puede ser ingiriéndolas, inhalándolas o absorbiéndolas por la piel.

La curación a través de la fitoterapia o aromaterapia no es sinónimo de "medicina suave". De hecho, las plantas tienen efectos específicos y también tienen algunos efectos secundarios, a veces desagradables. No obstante, las plantas son elementos vivos, amigas de la vida y, por ende, de ser la dosis correcta, traerán beneficios. Sin embargo, si el diagnóstico ha excluido la consideración del cuerpo en su conjunto, las plantas pueden afectar otras funciones del cuerpo, que las que se busca reequilibrar.

La fitoterapia utiliza la materia, el jugo, la raíz, el tallo, la corteza, las hojas, la flor, o todo el conjunto de la planta, según observaciones ancestrales.

La farmacopea química de síntesis, ha sustituido muchas veces a las plantas, con el objetivo de ser más científica, más medida, pero también resulta ser más peligrosa, ya que el organismo tiene mayor dificultad de eliminar las substancias sintéticas. Los productos químicos no tienen espectro de vida, por lo que no son reconocidos por el organismo como parte del mundo vivo. El cuerpo, por lo tanto, tiene que depurar y rechazar ese elemento extraño. El problema se incrementa cuando, a fuerza de reconocer y eliminar una multitud de estos elementos, se provoca una confusión, cuando se acepta una información equivocada. Las defensas naturales del organismo, por ende, comenzarán a destruir las células sanas. Este es el principio de la enfermedad auto inmune.

2. La homeopatía considera que la planta u otros productos (minerales, animales), contienen un mensaje propio, adecuado para provocar una reacción en alguna función específica del cuerpo. La dosis del producto no afecta químicamente al cuerpo. Se trata de enviar mensajes simbólicos para accionar la memoria armónica del cuerpo, con lo cual se acciona la defensa y el cuerpo lucha con la enfermedad para recuperar su armonía.

El medicamento homeopático despierta en el ser las funciones sutiles de la memoria y de las emociones. Cada planta es un representante de un aspecto de la vida. Su color, su olor, la hora de su apertura, su forma, cualquier cosa que recordará un elemento y lo simboliza. Por ejemplo, la manzanilla: ayudará al sueño, considerando simbólicamente la manera como sus pétalos blancos rodean al pequeño sol que tiene en el centro y cómo éstos se cierran en la noche ; para que la mañana vuelvan a abrirse.

El jugo amarillo de la aquilea milhojas "recuerda" a la bilis y será prescrita para las afecciones del hígado. La homeopatía utiliza extractos de plantas, por lo general macerados en agua o en alcohol, luego ser diluidas según unas reglas numéricas y dinamizadas (agitándolas) entre cada dilución. Cada dilución es de 1 gota por 10 y se escribe DH, o de 1 gota por 100 y se escribe CH. Para afecciones más sencillas 4,5 CH, para problemas más emocionales 9 a 15 CH y por lo que toca a memorias antiguas, genéticas o ancestrales, hasta 30CH y más (sistema Europeo y de la India).

Siguiendo el ejemplo de las diluciones, se ha desarrollado la técnica de la micro dosis para los medicamentos químicos. Cortando una pastilla en partes se obtiene el mensaje del medicamento suprimiendo una parte importante de su efecto tóxico. Esta técnica es muy interesante para salir de adicciones a medicinas o drogas.

El factor que actúa en la homeopatía no es la cantidad de sustancia si no la similitud simbólica y vibratoria; y por lo mismo nuestro enfoque cambia: Cada órgano, cada tejido, cada centro energético, tiene una secuencia vibratoria bien específica; cada planta y en particular algunas partes de ellas, tienen una secuencia vibratoria específica. Hay que encontrar el método para poner en simpatía esas energías.

Algunos utilizan como representación vibratoria los colores, haciendo visible lo que el cartesiano no concibe sin ver: "creo lo que veo". Es un método de comparación vibratoria muy cómoda y que funciona bien.

3) La planta está considerada como parte del espectro luminoso. En ese espectro cada una tiene su lugar, su color especifico y será utilizada para corregir el o los colores defectuosos del espectro de un individuo. Es el método de las flores de Bach, quien por ejemplo, había trabajado para rehacer con 12 plantas el espectro de los colores. Desde la antigüedad los Druídas, para prender el fuego de San Juan instalaban 7 maderas específicas en un orden preciso y una dirección precisa, respetando el espectro de los colores visibles (desde el infrarrojo al ultravioleta) y respetando también, la parte invisible (60% del espectro de un ser vivo, sea planta animal o humano).

4) La planta sagrada, la planta ceremonial está respetada como un ser dotado de poderes espirituales de curación o como vehículo para viajar en varios mundos, es sacrificada en el fuego y su humo sube al cielo. Sumergida en el agua del temascal ayuda a liberar el cuerpo y el espíritu. El hongo se vuelve el guía del viaje y la resina del copal lleva los espíritus en su humo. 

Lo espiritual también tiene su secuencia vibratoria y reacciona a los sonidos, a los colores y a las vibraciones astrológicas.
Los alquimistas hacían unas preparaciones de plantas llamadas "spageri". Estas plantas han sido consideradas como sagradas. El proceso era el siguiente: se recogían en el curso de una ceremonia, sufrían una larga transformación teniendo que pasar por la muerte y la putrefacción… El fuego las quemaba y luego, la ceniza se disolvía en agua y se filtraba para entonces regresar a la luz y renacer en otro nivel energético. Esta transformación podía durar hasta dos años y se convertía en una "poción mágica" misma que despertaba la memoria de la persona y de su enfermedad, para que de la misma manera que las plantas, pasara por el ciclo de la muerte y la reencarnación que conlleva a renacer.

La desaparición de algunas especies de plantas empobrece las posibilidades vibratorias de un lugar y las de los humanos que viven en él. Si consideramos en ese sentido el caso de los OGM (Organismos genéticamente modificados), entendemos que el hombre trabaja hacia su destrucción. Por ejemplo, cuando con fines de lucro se sustrae a nivel genético la posibilidad de reproducción de una especie de planta, y por la polinización natural, el cambio genético se difunde a todas las plantas de esa familia.

La agroindustria, manteniendo el secreto de la manipulación genética, guarda la posibilidad de producir semillas estériles y se vuelve dueña de la alimentación mundial. Este es un proyecto destructor con poderes extremadamente peligrosos.

Respetar el propio cuerpo y espíritu es, antes que otra cosa, escuchar las propias vibraciones, conocer las vibraciones afines o no afines y trabajar para preservar la libertad de seguir las leyes de la naturaleza vibrante, ser libres de escoger un sitio propio para vivir, la alimentación, los seres cercanos, libres de ir y venir, de pensar y de amar.

Cuando un equilibrio se rompe hay que elegir cómo curarse:

A) Provocar una ruptura, borrar lo que estorba.
B) Provocar una crisis para que el cuerpo se defienda.
C) Provocar una reacción para recordar a un órgano o a una función del organismo el sentido del movimiento.
D) Entrar en simpatía, rearmonizar, reconstruir un espectro empobrecido, volverle a dar un sentido a la libertad.

La elección de un terapeuta o de un método terapéutico revela la imagen que el paciente tiene de su cuerpo y de su espíritu. Evitemos pensar en bien o en mal y veamos cómo se entiende la armonía vibratoria.

El amor es la vibración más rápida del espectro humano y tiene el poder de rearmonizar el espectro en su conjunto. Es la curación al estado puro. Ofrecer una flor con amor armoniza una relación.

Todo el mundo ha tenido la experiencia de sentarse a los pies de un árbol y sentir una transformación de la energía o del humor, esto es entrar en el espectro energético del árbol y armonizarse con él.

El integrar las energías vibratorias en el preciso momento y en el preciso lugar permite que la materia viva evolucione y se proceda a la evolución profunda de un individuo.

En el trabajo de curación, las plantas tienen un papel sobresaliente por la inmensa variedad de elementos que nos ofrecen. Por el conocimiento y el amor cósmico debemos preservar esta gran obra, del cual somos parte.

Philippe Du Pasquier
Osteópata