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Más acerca de trastornos de la alimentación

Por Psic. Claudia González Martínez

¿Por qué es tan fácil que una persona se enganche en un problema de Bulimia o Anorexia/Bulimia? y ¿Por qué resulta tan difícil y complejo salir de él?

Las razones por las cuales una persona desarrolla un Trastorno Alimentario como la Anorexia y la Bulimia son muy variadas y también complejas. En la mayor parte de los casos se considera que tiene que ver con elementos de personalidad, experiencias de vida, déficit de habilidades para el manejo de emociones, elementos de presión sociocultural, factores de disfuncionalidad o tensión familiar, desbalances bioquímicos a nivel cerebral o la presencia de trastornos afectivos (ansiedad o depresión a nivel biológico), tendencias genéticas o heredo familiares en cuanto a otro tipo de padecimientos fisiológicos (hipoglucemia, diabetes, entre otras cosas), etc.


No todas las personas presentan elementos significativos en todas las áreas o aspectos anteriormente mencionados, esto depende de la situación individual de cada quien. Sin embargo, en muchas ocasiones, los elementos que pudieron haberse juntado para dar como resultado el que una persona haya estado en una posición vulnerable para desarrollar el trastorno, no necesariamente explican la fuerza que cobra la problemática, ni la dificultad para salir de ella. La perpetuación del trastorno ya no depende de factores externos o de las circunstancias o presiones de la vida, sino de factores internos. Cada uno de los trastornos cobra una fuerza independiente, y se acentúa y perpetúa por factores independientes a los predisponentes originales.

Estos factores independientes que sostienen e incrementan la problemática generalmente son el resultado de una compleja interacción entre desbalalnces biológicos/fisiológicos (nutricionales, metabólicos y bioquímicos a nivel cerebral), emocionales, psicológicos y cognitivos (a nivel de pensamiento) y conductuales (los comportamientos que se van adoptando con el fin de controlar el problema).

Lo que comienza a suceder en una persona que manipula su ingestión de alimentos, ya sea porque se encuentra siguiendo una dieta estricta o porque espontáneamente elige privarse de cierto grupo o tipos de alimentos es que se auto-genera, sin saberlo, desbalances biológicos muy intensos y complejos.

Estos desbalances generalmente tienen que ver con privar a su organismo, provocar un efecto de restricción, provocar que la señal de hambre que se registra en el cerebro se intensifique, que se disparen una serie de mecanismos de alarma a nivel biológico que provocan un descenso en la capacidad del organismo para Metabolizar correctamente los alimentos y utilizar eficientemente las calorías, con una creciente sensación de hambre que llega a cobrar intensidades que son muy difíciles de controlar porque no dependen de la voluntad de la persona, sino de la manera como el cuerpo, a nivel fisiológico, va a tratar de defenderse y ajustarse a lo que pasa. Aun la gente que se mantiene en una dinámica predominantemente anoréctica experimenta pérdidas de control y episodios de voracidad.

A partir de que comienzan a gestarse estos desbalances, lo que la persona experimenta es una gran vulnerabilidad a perder el control, si no es que francos momentos de compulsión al comer. Desafortunadamente, esto no es interpretado por las personas como mecanismos biológicos de defensa, ni como rebotes, saboteos y desbalances fisiológicos, sino como una falta de fuerza de voluntad, como debilidad o falta de carácter o disciplina, y como fallas en su personalidad y su capacidad para controlar sus impulsos. Finalmente, esto se vive como una pérdida de valor personal y "autoestima".

Todo esto genera un cúmulo de pensamientos que comienzan a llenar la experiencia mental y psicológica de una persona, lo cual a la vez explica el porqué surgen las obsesiones con respecto a los alimentos, el conteo de calorías, el pesarse constantemente, el plantearse cada vez metas más absurdas y poco realistas o inalcanzables.

Lo que la persona va a experimentar a nivel emocional es consecuencia directa de sus pensamientos, es decir, si la persona está constantemente con el temor a perder el control, con la duda de poder bajar de peso o mantenerse dentro de su dieta, y con la sensación de estar muy vulnerable a salirse en cualquier momento del carril que se ha trazado y a perder confianza y credibilidad en sí misma, lo lógico esperado es que sienta ansiedad, angustia, inseguridad, temor, desesperación, pánico, depresión, desesperanza y mientras más fuerte sea su emoción o más constante, más vulnerable estará y más en riesgo de perder el control pues justamente lo que la mayor parte de las personas buscan al inicio de querer bajar de peso o iniciar una dieta, son fuentes de bienestar, tranquilidad, de sensación de eficacia y logro, de felicidad o de manejar emociones displacenteras en su vida, Precisamente por eso, mucha de la gente que no sabe expresar y canalizar su enojo, insatisfacción, frustración, tristeza, y miedo de manera adecuada, directa y constructiva, etc. Buscan controlar su alimentación y peso para compensar lo que no están pudiendo manejar de mejor forma a nivel afectivo.

De esta manera, comienza a cerrarse el ciclo:

Los desbalances biológicos generan pensamientos negativos constantes; estos pensamientos generan emociones cada vez más intensas; las emociones intensas vuelven a generar pensamientos de temor, duda, incapacidad para controlarse, etc... Y estos a la vez tratan de ser controlados a través de desbalancear todavía más su funcionamiento a nivel fisiológico con conductas aberrantes y riesgosas. A la vez, esto se sigue mezclando con las dificultades cotidianas en la vida de la gente y las emociones que son experimentadas, y todo se convierte en una bola de nieve de emociones, desbalances nutricionales y fisiológicos y elementos más fuertes de pensamiento incorrecto.

La mayor parte de las veces que las personas comienzan a recurrir a vomitar o purgarse de otra forma, lo que buscan es compensar el impacto de haber perdido el control de lo que comieron o de ver que no están logrando bajar de peso como quisieran.

Las primeras veces que una persona vomita, genera señales confusas en el cerebro. No se registra saciedad después de haber comido y esto incrementa el nivel de hambre. Mientras más hambre siente una persona, mayor riesgo tendrá de volver a perder el control en su forma de comer.

De esta forma, es muy fácil pasar de haber vomitado una vez, de vez en cuando, a unas veces a la semana, a una vez al día y así progresivamente. Cuando una persona intensifica esta experiencia en su cerebro, todo el tiempo tiene hambre, todo el tiempo piensa en comida, todo el tiempo está insatisfecha, y todo el tiempo vive con la amenaza de perder el control. Así es como la pérdida de control se convierte en un estado constante o cada vez más frecuente, el cual va a ser reforzado y acentuado en la siguiente conducta de vómito o purga.

Por esta razón, no hay posibilidad de que la persona salga de este ciclo sin comenzar por atender su alimentación con un especialista y no con una dieta más. Hacer una dieta más sin atención especializada al ciclo de bulimia, solamente agravará el problema.

Lo más severo de la situación es que cuando el comer y vomitar se vuelven una rutina de todos los días, el organismo termina defendiéndose y tarde o temprano, se enseña a asimilar las calorías con mayor rapidez y a bajar su metabolismo para mantenerse nutrido, de tal forma que, la mayor parte de la gente, en cualquier momento comienza a subir irremediable y vertiginosamente de peso, pues el vomitar o purgarse ya no alcanza a ser una medida para deshacerse de las calorías ingeridas.

Cuando una persona se da cuenta de que esto le empieza a suceder, entra en pánico pues a la vez, se da cuenta de que ya no le está dando resultado y busca retomar el control. Sin embargo, desafortunadamente busca ese control a través de intensificar o incrementar sus periodos de vómito, lo cual paradójicamente sólo acentuará la atrofia metabólica y la llevará a subir más de peso.

Otra de las razones por las cuales esto representa complicaciones importantes que, al encontrarse ya en este punto, el hecho de intentar entonces comer menos, también provocará el mismo efecto (tener un rebote y subir de peso). Mientras menos coma una persona, más severa será la lentificación metabólica y la comida, por poca que sea, se asimilará como si las cantidades fueran mucho mayores.

Otro de los factores que complica la problemática es que seguro, ya para este punto de intensidad del trastorno, haya desbalances bioquímicos a nivel cerebral, que generalmente involucran déficits en la producción de Serotonina, producto de todo el desgaste al cual ha estado sometido el organismo.

La Serotonina es el neurotransmisor que se encarga de ayudarnos a regular nuestros estados de ánimo. Es el elemento que se encarga de que podamos tener bienestar, tranquilidad, calma y experiencias satisfactorias en la vida. Cuando una persona ya no cuenta con una producción adecuada de Serotonina en el cerebro, no regula adecuadamente sus emociones, tiende a presentar fluctuaciones emocionales muy acentuadas, crisis emocionales y una gran incapacidad para recuperar su estabilidad emocional.

El presentar desbalances a estos niveles, también suele provocar que colateralmente una persona desarrolle otros trastornos afectivos como: crisis, de ansiedad o ataques de pánico (a nivel biológico cerebral) o una depresión biológica (por las mismas causas), entre otros.

En la mayoría de los casos, la gente necesita también tratamiento farmacológico, generalmente con antidepresivos que estimulen la correcta producción y concentración de Serotonina, pues mientras no se aborde y solucione este aspecto de la problemática, la persona no podrá volver a tener una experiencia emocional equilibrada, adecuada y controlada. Todo esto es justamente lo que representa el drama de un problema de Bulimia. La persona, sin haberlo querido o previsto, se encierra paulatinamente a sí misma en una jaula sin salida de la que muy probablemente y en la mayoría de los casos, no podrá salir por sí sola. Por dicha razón, aunque originalmente la Bulimia es representativa de un problema afectivo y psicológico, el inicio de la solución no está en asistir a una psicoterapia a hablar de sus problemas solamente, sino a una psicoterapia en la cual inicialmente se aborde el problema fisiológico y nutricional, junto con el emocional, para comenzar a brindar una alternativa de solución multidisciplinaria al ciclo de adicción o distorsión biológica, para secundariamente poder trabajar los demás aspectos que hayan estado involucrados en su génesis.

Penosamente, muchas personas retrasan o postergan la búsqueda de ayuda, ya sea por pensar que tienen la capacidad de salir adelante por sí solas, o porque se dan cuenta de que la lucha para salir es demasiado prolongada, implica demasiado esfuerzo y tolerancia a vivirlo, como un proceso en ocasiones largo. También puede ser porque las personas se sienten defraudadas y defraudando a otros por no haber podido erradicar el problema en los primeros intentos o en un periodo breve de psicoterapia.
Desafortunadamente, mientras más tiempo transcurra para atacar el problema o mientras más interrupciones haya en el curso del tratamiento, disminuye la probabilidad de que la persona salga adelante. Las estadísticas indican que del 20 al 30% de la gente que desarrolla un trastorno alimentario, no logra superarlo nunca y llega a morir como resultado de las complicaciones que se desarrollan, lo cual en muchos casos se debe al hecho de haber permitido que éste se prolongara durante demasiado tiempo y al hecho de no haber buscado una atención adecuada y multidisciplinaria con la participación de varios especialistas, entre otras cosas.

En la mayor parte de los tratamientos que cuentan con mejor pronóstico de éxito, se requiere de la participación de un psicoterapeuta especializado en el manejo de trastornos alimentarios, un nutriólogo o médico especialista en el tratamiento nutricional de los mismos, un psiquiatra, para el manejo farmacológico, y en ocasiones inclusive un endocrinólogo o médico internista con experiencia en este campo, dependiendo de la severidad de la problemática.

Psic. Claudia González Martínez
Clínica de Trastornos de la Alimentación