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El mundo es de los flacos y de las flacas

Por: María Gabriela Dumay

Hubo un tiempo en que el mundo era de los saurios, una época en que fue de los romanos, ¡hoy es de los flacos! Hay flacos y flacas de todos los sabores y colores, de diferentes tamaños, hablan distintos idiomas, geográficamente están desparramados por todo el orbe, pero poseen una característica en común ¡La flacura!

Claro que no estamos hablando aquí de los flacos/as que viven en Biafra, o en una paupérrima zona de la India, claro que no, en ese caso la flacura resulta hasta ofensiva para nuestras delicadas sensibilidades. Los dueños del mundo son los flacos que viven en Nueva York, Paris y hasta en Ciudad de México, y las flacas que se pasean por las pasarelas de la moda mundial, flacos y flacas elegantes que cubren los huesitos con Armani (o por lo menos son totaaaaalmente Palacio).

También están los flacos cinematográficos o televisivos, con eso de que la televisión engorda 6 kilos, nadie que tenga algún recubrimiento graso sobre la osamenta puede pretender siquiera acceder al firmamento estelar.

 

Abrimos una revista y allí están, sonriendo en cada página, con escurridos vestidos o desvestidos que les cuelgan como si de una percha se tratara. De cada 5 anuncios en el tele-mercadeo, 3 son de productos para adelgazar, productos que queman la grasa, que diluyen la celulitis, que prometen estómagos de lavadero, o fajas mágicas que reducen 2 tallas apenas te las pones. Y allí van las mujeres llenitas o las normales en pos de la flacura anhelada.

El desprecio a la gordura a llegado a límites tales, que parece que los empleadores creen que las personas que no son flacas tienen también grasa acumulada en el cerebro, que son lentos, acomplejados y biliosos. ¿No? Puedo apostarles que si un hombre flaco y uno gordito compiten por el mismo puesto, no será la experiencia o los títulos académicos los que inclinen la balanza para que el encargado de personal escoja, ¡serán los kilos!

El único lugar del cuerpo en que están permitidas las protuberancias son los senos y las nalgas, y eso sólo en las estrellitas del espectáculo, porque las mujeres bien, prefieren el más puro estilo tabla de planchar. "¡La ropa cae taaan bien!"

Esta psicosis se inició en los años sesenta, con una muchachita, no se si era cantante o modelo y no creo que nadie recuerde a qué se dedicaba, su nombre Twiggy, (ramita en inglés) y su mayor gracia era ¡pesar 35 kilos y medir 1.70!

Esto podría ser sólo una moda, pero una moda que dura cuarenta años parece ser "la música que llegó para quedarse". Si no tomamos conciencia del problema así será.

La desesperación adolescente por ser delgados ha hecho surgir en las últimas décadas dos nuevas enfermedades, ambas mortales sino se atienden oportunamente; la anorexia y la bulimia. Ha llenado las bolsas de cirujanos plásticos que liposuccionan, raspan, recortan y anudan estómagos para que solamente pueda pasar una cantidad mínima de alimento, a veces con fatales consecuencias.

¿A quien beneficia todo esto? porque sin duda hay que buscar al cerebro detrás del delito, por supuesto no a los fabricantes de comida, ni a los restauranteros, aunque si estos últimos se dedican a la nouvelle cuisine, estarán teniendo pingües ganancias. En lugar de un abundante plato de pasta, o un buen corte de carne, sirven una laja transparente de salmón, dos rebanaditas de jitomate y una hojita de cilantro, pero cobran el mismo precio. ¡Buen negocio!

Mis querid@s amig@s, créanme que detrás del culto a la flacura hay toda una industria que obtiene muy buenas utilidades; moda, adelgazadores, publicidad, spas y los que ustedes quieran agregar. A veces me pregunto si ante la posibilidad de la escasez de alimentos a nivel mundial, alguna mente maquiavélica nos estará entrenando para subsistir sin comer.

¿Hasta cuando vamos a seguir soportando esta manipulación sin quejarnos? ¿Cuántas veces más vamos a sentirnos humillad@s y deprimid@s cuando la vendedora nos mira y dice "las tallas extra están allá"? ¿Cuántas dietas mágicas más vamos a iniciar arriesgando nuestra salud física y mental? ¿Cuándo nos vamos a comprar un buen libro o un disco en lugar de los Magic Slim, Redugord, o enflacafast? ¿Cuándo vamos a dejar de pensar que si el marido nos abandonó fue por gordas y no porque es un inestable? Qué fina me vi, ¿verdad?

Esta no es una cuestión de kilos sino de autoestima, mientras no nos aceptemos tal como somos, la cofradía de los flacos seguirá controlando el mundo. Nadie escoge el color de su piel, o de sus ojos, tampoco puede escoger el gen de la flacura, hay algo que se llama "contextura" y jamás una persona de contextura gruesa llegará a ser Calixta Flockhart (la famosa Ally McBeal), por más que se esfuerce.

No me refiero a niveles de obesidad que pueden ser dañinos para tu organismo, pero si me refiero a aceptar que somos mujeres "llenitas" u hombres regordetes, que no somos aspirantes a modelos ni a misses pero, que aún así tenemos nuestros encantos y quizá estemos fuera del contexto de un cretino que quiere una mujer para mostrar que lleva una percha muy a la moda colgada del brazo, pero hay hombres que buscan algo más que la aguja de la pesa del baño.

¿Alguien ha observado las mujeres que pintaba Rubens o Renoir, de cuerpos suaves y abundantes? ¿O por lo menos la feminidad y el encanto de las mujeres de Botero?

Yo renuncié a las dietas el día que mi amigo Manuel, le dijo seriamente al mesero del restaurante;"Una hoja de lechuga y un grano de alpiste para la señora, por favor." En ese momento me di cuenta de lo desagradable que debe ser para un hombre comerse un bife frente a una mujer que hace durar una lechuguita.

Si tu cuerpo te avergüenza, te vas a ver mal, te pongas lo que te pongas. Sé tú misma(o), acéptate como eres, destaca tus mejores rasgos y conserva tu sentido del humor. Gorditos del mundo ¡Uníos! Recuperemos el planeta, recuerda que no siempre la flacura es belleza.

Cuando sientas que te va a bajar la depre canta ese viejo tango que decía "Flaca, tres cuartos de cogote, una percha en el escote, bajo la nuez...." entonces te alegrarás de ser redondit@ y de tener algo más que una percha en el escote.

 

Por María Gabriela Dumay
Cortesía de la Revista Destino Morelos