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¿Cuándo se ama demasiado?

Por María Gabriela Dumay

 

Desde hace algunos años está de moda entre terapeutas y "terapeadas" el libro "las Mujeres que Aman Demasiado" de Robin Norwood. El resultado es que las mujeres hemos descubierto una nueva razón para sentirnos culpables; nuestra incapacidad para dosificar nuestras querencias. 

Lo que no dice el famoso libro es que esta forma de amar, sin coto ni medida, parece ser inherente al género femenino. ¿Quién sino una fémina, podría haberse instalado en los años de tejer y destejer de una Penélope esperando a su Ulises, mientras Ulises se dedicaba a vivir completita su Odisea, enredándose con sirenas y bípedas? Claro, estos relatos están contemplados desde el interesante deambular de Ulises, el que hace, y no desde la pasiva espera de Penélope. Lo lindo es que Ulises jamás se quejó ni se sintió abrumado por ese amor.

A nadie le pareció desmedido ese querer de Penélope que renuncia a la vida misma por conservar intacto el templo de su fidelidad amorosa, por el contrario se convierte en el arquetipo de la mujer enamorada.

Más para acá, tenemos otra heroína auto inmolada en el altar del desmedido amor: Mariana Pineda, relatada en verso por la pluma de García Lorca. ¿Qué convierte a Marianita en heroína? Ese amor femenino que es, a través del objeto amado. Mariana encarcelada por haber bordado la famosa "bandera de la libertad" que habría de ondear en las batallas su amado Pedro. Freudiano símbolo de la batalla de la vida, del que combate y vive, mientras ella se deja condenar por su participación pasiva, porque su valor consiste en dar la vida antes de pronunciar ante sus captores el nombre de su amado "conspirador", en dar la vida por defender su fidelidad ante los embates de Pedroza.

"Pedro coge tu caballo,
y ven montado en el día
pero ven pronto
que vienen para quitarme la vida."

...y por supuesto, Pedro no llega y Marianita muere de amor, de un amor excesivo, según la nueva terapéutica...

"y se oía una
copla en Granada
que a las piedras
hacía llorar.
Porque Marianita se
muere en cadalso por
no declarar."

Ultima heroína con licencia para amar, fruto quizá de la homosexual sensibilidad del poeta que le permite concebir un amor que lo llena todo, que ocupa cada espacio, hasta la muerte.
Y ahora resulta que "a Chuchita la bolsearon" como dicen en mi tierra.

¿Exceso en el dar o insuficiencia en el recibir? La otra no lo dice pero me pregunto ¿Habrá sentido Pedro que ese amor de Marianita lo ahogaba, lo comprometía? Sospecho que no.

Amar demasiado, no es un problema aislado. Como muchos otros síndromes, es propio de esta época; y diría yo, resultado de un desarrollo desigual, no tanto entre géneros sino al interior mismo del género femenino.

En poco más de un siglo, la mujer consiguió el derecho a voto, demostró su capacidad como médica, arquitecta, política y hasta astronauta, reivindicó su derecho al orgasmo; uso pleno de la hormona y del cerebro. Lo que no ha conseguido es liberarse al mismo tiempo del "Síndrome de Penélope". En medio de sus labores como cirujana, senadora o bíogenetista, la mujer sigue acomodando un tiempo entre ollas y cazuelas, para agradar a su depauperizado Ulises, porque la abuela nos dijo que "al hombre se le llega por el estómago".

¿Cómo es que esa mujer, que enarbolando su propia "bandera de la libertad", salga dispuesta a la batalla da la vida y siga creyendo que su existencia debe estar supeditada a la del "objeto de sus amores"?

No sólo es posible, es una realidad. Para el hombre "una buena relación de pareja" es un complemento a su quehacer. Para la mujer "es la vida misma". No importa cuán exitosa sea en su campo profesional si su vida amorosa no es satisfactoria la mujer no sabe, no puede ser feliz.

¿Se puede cambiar esto con un método, desde un libro? Creo que no. Es más ¿Queremos cambiarlo? ¿Puede la feminista más recalcitrante decirme cómo sería el mundo si la mujer adquiriera la capacidad de dosificar y postergar el amor?

Es cierto que hay una contradicción entre la fémina autosuficiente laboral y socialmente, (castrante diría papá Freud) y la dulce eterna, esperante Penélope, que teje y desteje su propia vida en torno al retorno. Aunque, seamos realistas, una Penélope mexicana en el año 2002 quizá le hubiera dado un celular al susodicho, para poder llamarlo 20 veces al día, o se habría aferrado a su túnica sollozando un "no me dejes amor mío."

Hemos aceptado que los niños prodigio, que cursan tercero de "prepa" a los 12 años, tienen un desarrollo desigual entre lo emocional y lo intelectual. Me temo que este es el caso entre el desarrollo intelectual y afectivo de la mujer en los albores del Tercer Milenio.

El punto sería preguntarnos ¿Será realmente el "sin epítome" del desarrollo colocar el amor en segundo o tercer lugar?

Como conclusión mis queridas, dulces amadoras. Esto no es cosa de fondo sino de estrategia. Amen, amen sin freno ni medida pero... actúen como si amaran con la cabeza fría y, como la práctica hace al hombre, y también a la mujer, quizá el no mostrar dependencia nos lleve a no depender, el no permitirnos dar más de lo que Ulises da, nos permita aprender a darnos más a nosotras mismas en lugar de entregarle todas las armas al contrincante.

Mientras tanto ustedes mis queridos, encantadores hombres, quizá puedan ir haciendo más grande el huequito amatorio porque ¿de qué se trata todo este asunto? De que ustedes y nosotras logremos un punto de encuentro y seamos mucho, mucho más felices. ¿No creen?

María Gabriela Dumay 
Cortesía de Destino Morelos