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Abuelita... ¿Por qué tienes los ojos tan grandes?

Por: María Gabriela Dumay

Hace unos años atrás, el título de abuelita tenía mucha semejanza con una lápida mortuoria, significaba retirarse a los cuarteles de invierno, bien provista de un par de agujas de tejer y una dotación suficiente de ovillos de estambre. Significaba, también, la incondicional disponibilidad para cuidar nietos cuando los padres se iban de viaje o salían de parranda. En otras palabras una vida sedentaria, vivida en función de los demás.

Abuelita... ¿Porqué tienes los ojos tan grandes?

¡Para mirar el mundo mejor!

Es claro que siempre hubo excepciones.Recuerdo yo a mi propia abuela, "Doña Mercedes" madre de 13 hijos, sí, todos varones y abuela de 44 nietos, de los cuales la única niña era yo. Doña Mercedes recorría el rancho a caballo a sus 70 años bien cumplidos, se aparecía de pronto en medio de la cosecha de trigo, o en la faena del aserradero, "¡Viene la patrona, viene la patrona!" era la voz que corría entre los trabajadores que, como por arte de magia aceleraban la tarea.


De la misma forma manejaba la casa y a todos nosotros. Recuerdo que mis tíos cincuentones no se atrevían a encender un cigarrillo en su presencia, que yo sepa nunca cuidó nietos aunque viviéramos bajo su techo, mi abuela ejercía lo que se llama un matriarcado. Recibía (visitas) los jueves y pobre del hijo, nieto o nuera que faltara a la comida de los domingos. Ahora, años más tarde, me he preguntado si ese poder que la abuela ejercía la hacía feliz, porque tengo que reconocer que con o sin poder ella estaba viviendo vidas ajenas.

Entradas en el Tercer Milenio, las expectativas de una vida plena e interesante para las abuelitas y abuelitos parece haberse ampliado. No me refiero a ejemplos extremos de mujeres que han logrado cruzar la línea de la tercera edad con un cuerpo y una apariencia de veinteañeras; Jane Fonda, Glenn Close y, en el ámbito nacional, Helena Rojo, Susana Alexander, todas ellas cincuentonas o sesentonas que seguro han encontrado la tan mentada fuente de la eterna juventud. Estoy hablando de personas comunes y corrientes como tú y como yo que de pronto hemos descubierto que la vida después de los cincuenta continúa, que seguimos teniendo energía, deseos, expectativas, que no estamos dispuestas a cancelar nuestras vidas para refugiarnos a la sombra de los hijos o hijas casados que, por renuentes o bien dispuestos que estén a acogernos, tienen sus propias vidas, su derecho a cometer sus propios errores y a criar sus hijos como se les antoje.

Llegar a la cincuentena no es fácil en una sociedad donde existe un culto a la juventud. ¿Quién no ha leído uno de esos avisos en el periódico que anuncian " busco gerente con experiencia, edad: 25 a 35 años"? Nos preguntamos si los reclutadores se han vuelto locos ¿de dónde van a sacar la experiencia estos jovencitos? ¿O será acaso que no nos hemos dado cuenta y en la actualidad los ejecutivos empiezan sus funciones en el kinder? El caso es que nadie, y digo nadie contrata a un hombre o una mujer de más de 50 años, no importa cuánto sepa o cuánta experiencia tenga.

Para nosotras llegar a la edad adulta significa, en muchos casos, dar por terminada la función de mamá y ama de casa que hemos cumplido por 30 o 40 años. Los hijos crecen, se casan. A esto se junta la menopausia que, en el mejor de los casos, sin bochornos ni sofocos gracias a las mágicas hormonas, da por terminada nuestra capacidad reproductora y, ¡desgraciadamente! muchas de nosotras aprendimos a concebirnos como "incubadoras", entonces surge la pregunta ¿...y ahora qué? No vayan a pensar que al hombre, al "abuelito", le va mucho mejor. Podemos imaginar que un señor que ha dedicado 30/40 años a su trabajo y debe dejarlo y jubilarse, se siente igual o peor que nosotras. Durante todos esos años ha pasado mínimo 8 horas diarias en ese despacho, haciendo o, si es burócrata, haciendo como que hace cosas; en su actividad ha cifrado gran parte de su seguridad, de su auto-importancia, jubilarse para él es encontrarse de pronto ante un tiempo no estructurado, ante una no-valía que lo abruma y entonces sobreviene la depresión, o si nos ponemos científicas la andropausia. En algunos, demasiados casos, el hombre busca reafirmar su valor en la capacidad de conquista y se lía con una jovencita que o anda buscando papá o le ve un enorme atractivo a la gruesa billetera y al despliegue de tarjetas de crédito. Otros, simplemente se deprimen.

Claro, mis queridas amig@s, que no es lo mismo llegar a la cincuentena acompañadas que solas y en esto, por estructura mental estamos en desventaja ante los señores. A ninguna de nosotras se le ocurriría buscarse un jovencito, y exhibirlo orgullosas como nuestro trofeo ante la sociedad, mucho menos pagarle por sus servicios. Espero que no sea porque no tenemos el dinero para eso. Aunque entre las actrices de cine se estén dando estas relaciones desiguales, en nuestra, afortunadamente tercer mundista sociedad, no necesitamos someternos a semejante estrés. Que Madonna, casi cincuentona, se case con un chico de veinte ¡es su rollo! Nosotras buscamos en el hombre seguridad, alguien a quien podamos admirar o respetar y ese hombre, seguro que no tiene 20 años. ¡No es que estén verdes las uvas! Simplemente es una experiencia que no se nos antoja (supongo).

A estas alturas seguro que están pensando "María Gabriela sólo nos está mostrando un panorama que conocemos perfectamente". Pero no, ya conocen mi teoría de la "receta y el trapito" por lo tanto ahí les va el trapito. ¿Qué nadie nos da trabajo? ¡Peor para ellos que se pierden nuestra sabiduría y nuestra capacidad laboral, nosotras podemos generarnos nuestras propias actividades, sin ayuda (o casi) de nadie. También sugiero que hagan una lista de sus habilidades y preferencias. ¿Tienen un especial talento para hacer arreglos florales? ¿Qué tal si hacen algunas muestras y las fotografían (¡Son tan efímeras!) álbum en mano acudan a salones de fiesta, iglesias y parroquias y especialistas en eventos para ofrecer su producto. ¿La pastelería no tiene secretos para ti? ¡Adelante! Puedes hacer el mismo recorrido y además mandar a hacer unas tarjetitas que puedes repartir entre tus amistades. Recuerda que así iniciaron sus florecientes industrias Betty Crooker y Ma' Baker. ¿Sabes coser? ¿Pintar? ¿Qué tal una pequeña industria de ropa de cama para bebé pintada a mano? ¿Hablas inglés, francés, chino o pakistaní? ¿Qué tal si llevas tu tarjeta a todos los hoteles importantes de la ciudad y te ofreces como acompañante para compras de turistas extranjeros. No importa que no seas guía turística, muchas veces estos especialistas no extienden sus servicios a actividades que incluyan ir de "shopping" a Santa Fe, Perisur o mercados de artesanías, (claro que si tienes coche, mejor).

Amiga, echa a volar tu imaginación, adopta una actividad y luego échale todas las ganas del mundo. No tengo ninguna duda que encontrarás la adecuada a tus gustos e intereses. Si tienes pareja y él también está jubilado, quizá encuentren una actividad conjunta que le de nuevos bríos a tu relación. Si eres una mujer sola te puedo asegurar que el tener una actividad que te guste no sólo mejorará tu cuenta bancaria sino te hará lucir más joven y atractiva. Lo que no se vale es echarte a morir y convertirte en abuelita de cuento, con cabecita blanca y todo. ¡Viva Miss Clairol y viva la eterna juventud! esa que se lleva debajo de la piel, la que no se consigue con ninguna cirugía estética! ¿Qué no te gustó ninguna de mis sugerencias? Aquí va otra, quizá te guste escribir, si es así ¿Porqué no me mandas un cuento o un artículo? Dirige tu colaboración a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. para publicarlo. ¿Te gusta la idea? ¡Adelante!

Por: María Gabriela Dumay

Cortesía de Destino Morelos