Serluna

Switch to desktop Register Login

Giro, brinco y corro: I


Por Sylvia Fernández Moliner

 

El vínculo entre mente y cuerpo es una cuestión que ha dado lugar a muchas especulaciones, experimentos, teorías y polémica. De un modo esquemático, todas estas ideas han implicado dos polos opuestos, a saber aquellas que sostienen la especificidad e independencia de estos dos procesos y aquellas que han enfatizado la relación entre ambos.

A fines al primer predicamento, se encuentran aquellos conjuntos del conocimiento que subrayan un desglose de las partes implicadas para comprender el funcionamiento del todo. Representantes de esta tendencia son los grandes nombres asociados con la Revolución científica: Copérnico, Galileo, Descartes, Bacon y Newton que encabezaron los nuevos descubrimientos en física, astronomía y matemáticas en los siglos XVI y XVII y que finalmente desembocaron en una visión mecanicista de la vida misma y en una "imagen del hombre" físico-tecnológico.

En el dominio de la Psicología, este proceder queda impecablemente expuesto en la teoría del estímulo-respuesta que considera que el comportamiento animal y humano es respuesta a estímulos provenientes del exterior. La relación entre el estímulo y la respuesta - que fue descrita inicialmente dentro del campo de la neurofisiología, a raíz de los descubrimientos, a finales del siglo XVIII, sobre la polarización sensitiva y motriz de las raíces espinales - implica una relación de tipo lineal que afirma que tal estímulo produce una respuesta particular. Un ejemplo clásico de este esquema es la extensión de la rodilla en respuesta a un golpe asignado al tendón de la rótula. éste y otros muchos casos, reflejos e instintivos, implican mecanismos neuronales heredados. Este modelo es el que aplica la ingeniería psicológica para la descripción y predicción de todo el comportamiento humano. Aquí, el fenómeno que merece ser subrayado es la adopción de un modelo neurofisiológico como modelo psicológico. Ha implicado que, no sólo aquellas determinadas respuestas que son el resultado de millones de años de evolución y llegan a formar parte de la herencia del individuo, sean tratadas según el modelo del estímulo-respuesta, sino también aquellas particulares que son el resultado de la historia más inmediata del individuo y de su relación con el entorno, y que llegan a formar parte de su bagaje cultural. Como consecuencia de esto, y de particular importancia en cuanto al comportamiento humano respecta, son las respuestas adquiridas o condicionadas. De acuerdo con este planteamiento, aún el comportamiento más típicamente humano, como es la comunicación verbal, el aprendizaje, la adopción de credos y dogmas religiosos, etc., representan "respuestas a estímulos provenientes del exterior". Reflejan respuestas a una sucesión de estímulos condicionales o incondicionales (Pavlov), a la anticipación del premio o el castigo (Skinner) o a experiencias tempranas de la infancia (Freud).

Por un lado, la crítica a tal modelo ha implicado el énfasis en el aspecto creativo de los seres humanos, en la importancia de las diferencias individuales, en aspectos que no son utilitarios y están más allá de los valores biológicos de subsistencia y supervivencia. Ha implicado el desarrollo de un modelo del organismo activo en oposición al modelo de un individuo gobernado por principios reactivos. Por otro lado, ha insistido en la imposibilidad de llegar a comprender el comportamiento humano por medio de la disección, la reducción y el aislamiento, y la importancia de considerar a la persona como un sistema, como un todo.

A diferencia del modelo del estímulo-respuesta que se deriva de la física, el modelo holístico proviene de la biología que enfatiza la propiedad de los organismos vivos como totalidades integradas. El más antiguo representante de esta visión en la biología occidental es Aristóteles. Por medio del concepto de la entelequia, Aristóteles coordinó los principios de la materia y la forma, que subsistían en tanto opuestos irreconciliables, para poner de relieve un proceso del desarrollo que se define por la autocompleción y la autorrealización. De ésta se deriva una visión de la naturaleza y de los procesos vitales que representa a la forma en tanto un patrón de relaciones en el seno de un todo organizado.

En el campo de la psicología, esta concepción es inherente a la epistemología genética y la psicología del desarrollo de Jean Piaget, las teorías de la personalidad encabezadas por Murray y Allport, la psicología de la gestalt, el psicodrama y las terapias humanistas. Todas ellas enfatizan la integración de las experiencias personales en conjuntos significativos. Hoy en día no es de asombrarnos que ante conjuntos de información de índole tan diversa y en ocasiones antagónicos, se trasmine un sentimiento de desorientación y sin sentido. Cuando emerge la necesidad de un apoyo psicológico o psicoterapéutico, la pregunta: "¿y ahora, con quién acudo?" puede ser una de las más difíciles de resolver. La información básica relativa al enfoque de los diferentes tratamientos es de gran utilidad para orientar el proceso de la toma de decisiones, así como también la comparación de los valores implicados en cada una de las propuestas con los valores propios.

De manera muy esquemática, se pueden resumir las exigencias de los distintos enfoques del siguiente modo: aquellos que adoptan un modelo de tipo lineal, de acuerdo al modelo del estímulo-respuesta, implican acceder a una batería de tests, juegos prefabricados, entrevistas, cuyos contenidos son interpretados de acuerdo a un esquema preestablecido.La función del psicólogo, analista o terapeuta consiste, en estos casos, en poner a disposición del paciente su conocimiento, de índole sobre todo teórica, relativo a las asociaciones previstas entre el comportamiento patológico y su fuente.

Por otro lado, las exigencias relativas a aquellos enfoques que adoptan el modelo sistémico u holístico implican acceder a un proceso cuyo significado no está dado de antemano, sino que es el resultado de un conjunto de experiencias significativas que el individuo aprende a correlacionar e integrar en forma altamente personal. La función del psicólogo o terapeuta en estos casos requiere el uso de la empatía para reflejar asuntos que implican a la persona emocionalmente, que revelan incongruencia o que se hallan integrados en patrones característicos. La diferencia entre uno y otro enfoque es particularmente una diferencia que atañe el grado de participación activa del sujeto en su proceso terapéutico. También es importante señalar que, si bien los dos conjuntos que reúnen la perspectiva y el procedimiento molecular (la resolución, la reducción de fenómenos a componentes de índole elemental) y el abordaje molar (la comprensión del fenómeno como un todo) son distintivos, ambos grupos incluyen puntos compartidos. Así, la terapia psicocorporal, que pertenece al conjunto que reúne las terapias de corte humanista, asimila las reflexiones que provienen del estudio de la actividad autónoma del sistema nervioso, y ésta implica en gran medida un comportamiento reflejo analizable en términos del modelo del estímulo-respuesta.

Los fundamentos epistemológicos de la misma incluyen categorías que describen el carácter de un modo que a menudo se antoja reduccionista. La homeóstasis, que implica la tendencia del organismo para restablecer el equilibrio cuando éste ha sido perturbado, es un concepto rector tanto en el psicoanálisis, como en la gestalt. La diferenciación, que se refiere a la evolución de procesos sincréticos y amorfos hacia una diferenciación cada vez mayor de las funciones (como, por ejemplo, en el caso de la percepción sinestésica a partir de la cual llegan a distinguirse las experiencias del tacto, la vista, el olfato, y demás), pertenece a las propuestas de Freud, Piaget, Allport, Erickson, entre otros.

Esta situación paradójica, que representa por un lado cosmovisiones antagónicas y por otro concepciones idénticas, es sólo el reflejo de la envergadura de la empresa que consiste en comprender el comportamiento humano; finalmente, no se llega nunca a agotar su infinita multiplicidad. Un proceder comprensivo implica forzosamente la unión de los opuestos, y los excesos enfocados en salvar un esquema arraigado han ido en detrimento de una aprehensión más sana de los procesos implicados.

La serie prevista de artículos se enfoca en proporcionar un panorama general relativo al desarrollo del movimiento, a los principios neurológicos y psicológicos que lo integran, de un modo que enfatiza el continuo del proceso y que involucra al lector en forma activa, por medio de una serie de dinámicas y ejercicios de sensibilización. Las fuentes a las cuales hacen referencia los artículos pertenecen a los trabajos desarrollados por Rudolf Laban (1879-1957), y Judith Kestenberg (?-1999), principalmente. Una descripción del marco conceptual propio a cada uno será presentada en el siguiente artículo.


Ir a parte 2

Sylvia Fernández Moliner