Serluna

Switch to desktop Register Login

Giro, brinco y corro: III El sistema nervioso y sus reflejos

Por Sylvia Fernández Moliner


Entendemos por actividad refleja todo el proceso que incluye la recepción, la transmisión y la respuesta relativos al estímulo y que está implicado en la coordinación motriz en forma no voluntaria. El estudio y la conceptualización de los reflejos se derivan de los descubrimientos hechos a principios del siglo XIX por Bell y Magendie de la polarización sensitiva y motriz de las raíces espinales. Es esta división la que dirige todo el proceso de esquematización del sistema nervioso que hemos aprendido a considerar como compuesto por vías sensoriales y motoras, ascendentes y descendentes, aferentes y eferentes, periféricas y centrales. 

 

Esquemas de esta índole son los que han promovido el trazo de fronteras entre sentir y hacer, pasividad y actividad, involuntario y voluntario. La observación del desarrollo filogenético y ontogenético del sistema nervioso promueve una comprensión del mismo en términos que reconocen un proceso que inicia en el sincretismo, progresa hacia la diferenciación y desemboca en la integración con grados elevadísimos de complejidad. Las células nerviosas de los animales más primitivos entre los celenterados (por ejemplo, la hidra) son representativos de la primera etapa. En estos animales la célula nerviosa es a la vez sensorial y muscular. La superficie receptiva expuesta al medio es continua con, y controla, las estructuras internas especializadas en el trabajo de contracción. La anémona, que también pertenece al grupo de los celenterados, ofrece el primer ejemplo de una diferenciación de la primitiva y única célula nerviosa en dos células: una sensorial y otra muscular, conectadas por medio de una red neuronal difusa. Por ende, podemos observar ya, en este organismo primitivo, los tres elementos esenciales del sistema nervioso: receptores, conductores y efectores. Sin embargo, no es sino con el desarrollo de la cadena nerviosa en la lombriz de tierra, que los conductores quedan organizados en vías ascendentes y descendentes. En este caso, el sistema nervioso cuenta con tres tipos de células nerviosas especializadas.

Además de las células sensoriales y motoras, emergen otras, que no son ni motoras ni sensoriales, y que se insertan entre ambas para crear vías segmentadas e interconectadas dando lugar a un complejo entramado que recibe el nombre de red internuncial. El despliegue más asombroso del sistema nervioso de este punto en adelante va a consistir en el desarrollo de bucles, bifurcaciones y procedimientos para la modificación de la velocidad de transmisión (mielinización) dando como resultado un tejido cada vez más intrincado cuyo máximo representante es la corteza cerebral. El desarrollo de la coordinación motriz más fina de todas las partes del cuerpo está asociada con el crecimiento de la red internuncial. A su vez, la mayor coordinación motriz implica un aumento en la cantidad y diversidad de calidades sensoriales que desemboca a una mayor densidad de toda la red.

El sistema nervioso se encuentra en un estado constante de flujo, y no es posible concebir este flujo como un movimiento unidireccional del receptor al efector; implica en realidad un flujo circular que viaja en dos sentidos simultáneamente que se integran mutuamente. Esto último implica una representación del sistema nervioso muy alejada del esquema simplificado del mismo como conjunto de vías ascendentes y descendentes. Sin embargo, en tanto los reflejos consisten en patrones motores elaborados hace millones de años, íntimamente conectados con la supervivencia básica enfocada en un manejo práctico del medio, representan etapas iniciales de la coordinación motriz que reflejan una estructura relativamente más simple que aquellos otros patrones que se desarrollan posteriormente e incluyen por lo general un número asombroso de interconexiones neuronales. Es posible rastrear el curso de un impulso que genera la contracción refleja de un músculo, pero resulta imposible hacer lo mismo con aquello que se transforma en actividades espontáneas, como el juego, la conducta exploratoria y cualquier forma de creatividad, o en memoria, imaginación, abstracción y lenguaje.

No obstante, y probablemente lo siguiente ha llegado a significar una de las grandes revoluciones del pensamiento, las actividades superiores y la actividad refleja no representan dos categorías independientes y completamente ajenas la una de la otra. De hecho, los reflejos consisten en los cimientos de cualquier actividad motriz fina y de la génesis de la inteligencia. Llegan a quedar insertados en toda la trama neuronal de un modo tal que hace imposible el reconocimiento del patrón inicial. Las teorías contemporáneas subrayan la continuidad del despliegue nervioso y colocan la actividad refleja en el seno mismo de la corteza cerebral. Hoy en día, esta concepción ha llegado quizá a formar parte del sentido común, pero no hay que olvidar que hace tan sólo un poco más de un siglo, el cerebro era considerado el trono de la consciencia y posesión exclusiva del hombre. Es así como los nuevos paradigmas han enfatizado la dependencia del ser humano con el desenlace de la vida y las propiedades intrínsecas a la naturaleza.

Sylvia Fernández Moliner