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Giro, brinco y corro: IV Lineamientos generales del desarrollo

Por Sylvia Fernández Moliner

IV.- LINEAMIENTOS GENERALES DEL DESARROLLO

Una manera muy extendida, en el campo de la psicología, de considerar el desarrollo consiste en definir etapas específicas insertadas en un orden cronológico y caracterizadas por un desempeño particular emocional, cognoscitivo, social, motor y postural. De este enfoque se derivan las tres grandes categorías que conocemos como infancia, adolescencia y edad adulta.

La adquisición de estas habilidades se presenta, en la visión occidental, en una progresión típica decreciente; es decir, a medida que pasa el tiempo, la cantidad y diversidad de habilidades introducidas es cada vez menor. Esto parece particularmente cierto en cuanto a las capacidades motrices se refiere.


El niño en un lapso de dos años, pasa de ser un individuo completamente dependiente y sometido a la fuerza de gravedad, a ser capaz de organizar sus movimientos para poner en práctica una serie de posturas y proezas motrices tan disímiles como patear una pelota o correr sosteniendo una banderita en la mano.

Al contrario, la edad adulta pareciera caracterizarse por una falta completa de novedades motrices interesantes, tal como si el adulto no pudiera sustraerse a la monótona rutina consistente en caminar, subir y bajar peldaños y agarrar y soltar cosas. Obviamente, el adulto no es objeto de la frecuente admiración que suscita el niño con sus primeros pasos, sus primeros dibujos, sus primeros zigzags en bicicleta, su primer "strike", etc., etc.

El adulto está ocupado, por lo general, en una serie de actividades donde pareciera que el papel del cuerpo es totalmente superfluo. Podría resultar muy vano describir, por ejemplo, la participación del cuerpo en una persona leyendo el periódico. Y sin embargo, una actividad en apariencia tan anodina como ésta implica una coordinación motriz y postural, conjuntamente con una aprehensión intelectual, altamente sofisticada y que se convierte -sin clamor ni ovaciones- en el sello de la edad adulta.

Quizás resulte difícil concebir que la actitud, tanto corporal como mental, de quien lee el periódico está enraizada en complejos motores que datan de los primeros meses de vida.

¿Qué tiene que ver el movimiento de izquierda a derecha, implicado en la lectura, con el reflejo de rotación; o la posibilidad de sostener el periódico enfrente con el reflejo de tracción de los brazos?; ni se diga, ¿qué tienen que ver estos reflejos con leer, comprender y analizar? Sin embargo es justamente la concordancia entre uno y otro patrón lo que saca a relucir una visión sistémica del desarrollo y en particular el planteamiento de la teoría de Kestenberg.

Este planteamiento define tres grandes ejes del desarrollo que incluye cada uno una serie de reflejos específicos, en su estrato más primitivo, que se desenvuelven para crear patrones motores voluntarios y llegan a constituirse como el sustracto corporal de las actividades cognoscitivas. Estos tres ejes están presentes en todo momento, pero intervienen de un modo más o menos protagónico en etapas particulares del desarrollo para finalmente quedar completamente entrelazados en la edad adulta.

El eje que adquiere predominio en los primerísimos meses de vida implica todas aquellas actividades reflejas que favorecen la exploración del medio circundante, en particular a través de la rotación de la cabeza. Estas constituyen los fundamentos reflejos de la acción que llega a conocerse como el giro. A su vez, la rotación y el giro que promueven el contacto con el espacio llegan posteriormente a integrarse en las actividades cognoscitivas que reciben el nombre de exploración e investigación.

El segundo eje que llega a desempeñar un papel protagónico incluye los fundamentos reflejos de la acción que se desarrolla posteriormente en tanto brinco e implica el contacto y el manejo de la gravedad por medio de la modificación del tono muscular. En el nivel cognoscitivo desemboca en las actividades que se conocen como confrontación y determinación.

El tercer eje recupera los fundamentos reflejos que están presentes en el correr y estructura las actividades cognoscitivas que implican el manejo del tiempo, como son la anticipación y la posposición.

Cada eje implica una organización corporal, una modulación de la contracción y relajación muscular y una proyección en el espacio, específicas que se insertan en una dinámica de relaciones con el otro particular. En cada eje interviene una consecución de procesos que implica en primer instancia un proceso centrado en el cuerpo y de carácter primordialmente egocéntrico que se desenvuelve para crear una interacción creativa con el entorno.

Entre el polo inicial y el terminal se inserta una etapa cuya característica radica en no ser ni principalmente enfocada en el exterior; es por así decirlo una etapa que se sitúa "a caballo" entre uno y otro polo. Semejante ubicación le confiere la habilidad para funcionar en tanto gozne entre los procesos meramente corporales y aquellos destinados a la transformación del exterior y se establece como el sitio del aprendizaje por excelencia.

Una descripción de las características de cada eje proporcionará el contenido de los siguientes artículos.

Por Sylvia Fernández Moliner