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Reflexiones acerca de la autoestima

Por Psic. Ana de la Macorraalt

 

¿Cómo se le puede hacer para ser feliz? ¿Cuántas veces te has preguntado esto sin darte realmente una respuesta que te convenza? “Cuando tenga mucho dinero” dirás. Cuando enflaque, cuando acabe la carrera, cuando tenga una maestría, cuando me case, cuando me divorcie, cuando tenga hijos, cuando mi mamá me deje de molestar, cuando mi papá me felicite, cuando sepa más, cuando pueda controlar a mi pareja, cuando me aumenten el sueldo, cuando los demás me reconozcan, cuando me compre tal coche, cuando viva en casa propia, cuando, cuando…

 

“El peor de los males que puede tener el hombre es que llegue a pensar mal de sí mismo”
Goethe

¿Qué es la autoestima? La autoestima es un sentimiento acerca de una misma con una misma. Es algo que se vive de manera íntima, dentro de cada mujer… muy dentro, y en silencio. Es lo que se piensa y se siente de una misma.
Refleja, como lo dice Nathaniel Branden, “el juicio implícito que cada uno hace acerca de su habilidad para enfrentar los desafíos de su vida (para comprender y superar sus problemas) y acerca de su derecho a ser feliz (respetar y defender sus intereses y necesidades)”.

Se puede tener una autoestima alta o baja. El tener una autoestima alta es saberse y sentirse bien con una misma, con la capacidad suficiente de enfrentar la vida como sea que ésta se presente y con una sensación de ser valiosa, por el sólo hecho de ser. Tiene que ver con sentirse capaz de lograr lo que una quiere en la vida, y por ende, tiene que ver con saberse merecedora de la felicidad.

Por el contrario, tener una autoestima baja, es sentirse con miedo, incapaz, insegura, con una sensación de “no hacerla en la vida” como si “faltara algo” en la persona, no se sabe qué… pero algo. Se vive como una perenne sensación de que lo que una es, no acaba de ser suficiente. No es común que estos sentimientos se reconozcan como una “baja autoestima”, más bien, la persona se cree inepta ante la vida, en cualquier situación y le cuesta mucho trabajo salir de esta percepción de sí misma. Las opiniones negativas de los otros, se toman como verdades absolutas y la persona refuerza su desvalorización sintiéndose peor consigo misma. Y como esto no se distingue como baja autoestima, la sensación de ineptitud se vuelve en sí misma un castigo eterno que pareciera ser difícil de trascender.

Desde la infancia, los adultos (papás, maestros, sacerdotes) tienen el poder de alimentar o no la confianza en sí misma/o de la niña o del niño, de fomentar o no el auto-respeto y de hacerle saber que es valiosa/o. Ya sea por la manera en que son motivados, apoyados, aceptados y amados. Esto es muy importante, mas no determinante, porque desde pequeños, los seres humanos, mujeres y hombres tenemos la capacidad de elegir lo que nos agrada, lo que nos place. Tenemos la libertad de sentirnos con nosotros mismos como decidamos. De hecho hay personas que fueron amadas y lo siguen siendo, por su familia, amigos, parejas, y sin embargo viven con el constante hueco de “algo” que falta… Pueden tener familia, hogares cálidos; y de todas maneras, sentirse solas. Pueden tener mucho éxito laboralmente y sentirse inútiles… Pueden tener un porte de mucha seguridad y por dentro estar muertas de miedo; y todas estas mujeres en secreto llorar ese “algo que siempre falta…” Tener una baja autoestima es nadar en un mar de sufrimiento sin saber realmente qué es esta agua que ahoga en seco.

En la edad adulta, es una experiencia solitaria. No depende de otros ni de situaciones. Así como el reconocimiento de otros ya no genera una alta estima, tampoco el tener mucho dinero, o tener trofeos de conquistas sexuales, o un buen marido, o llenar de silicones el cuerpo, o un buen coche, o un nuevo amante, o el diploma a la mejor mamá, o ser la más sacrificada y la más linda, o, o, o…

Tampoco es “ser más que otras u otros”, ni físicamente, ni económicamente, ni espiritualmente. Hay quienes van por la vida comparándose con amigas, compañeros de vida y hasta con ¡modelos de revistas! Se miden con respecto a todos los demás. Y ¡claro! Siempre habrá alguien con el pelo más largo o con más hijos o sin ellos, con más años o con menos, con más títulos… vaya, la comparación es con lo que sea que satisfaga al hueco de “no sentirse suficientes” y tratar de llenarlo exigiéndose tener lo que otros y otras tienen.

Una sana autoestima es ser quien se es, es conocerse y aceptarse, y a partir de esto, vivir en paz con una misma y con los demás. Es saber reconocer  los logros que cada una ha tenido, desde aprender a tomar sopa sin que ésta se derrame de la cuchara, aprender a caminar, a leer; hasta terminar una carrera, conseguir un trabajo o dar a luz, por mencionar algunos.

Una sana autoestima es equivocarse y detenerse un rato a reflexionar en dónde o en qué estuvo el error, para aprender de la experiencia. Una sana autoestima es meterse dentro y conocer el monstruo que habita… esa parte que no gusta de sí misma, como tener celos, o envidia, corajes, miedos… Es “verle la cara al monstruo” y aprender a dialogar con él. Los monstruos se resumen a uno solo: El monstruo vive y es uno mismo y hay que verle la cara y aprender de él para que se vuelva un aliado en el crecimiento de toda mujer.
Es asumir que todo es perfecto y que de todas las experiencias hay que aprender, no para ser “mejores”, sino para concientizarse cada vez más del gran hecho de estar vivas, porque una sana autoestima radica en saberse vida, saberse “La Vida”. Y así como en la vida, existen los opuestos, de la misma manera se puede tener o no pareja, tener o no dinero, estar alegre o estar triste, ser noche y al siguiente momento ser día. Saberse valiosa porque se es vida y por consecuencia, aprender a ser feliz.

Tú ¿cómo andas en esto? ¿Cómo está tu autoestima? ¿Qué tanto crees que dependes de otros para sentirte bien contigo misma? Te recomendamos hacer el siguiente ejercicio para empezar a curarte si es que tienes una autoestima lastimada:

Date un tiempo y espacio en el que puedas estar contigo misma y te sientas. Con los ojos cerrados haz unas cuatro o cinco respiraciones profundas y lentas, y comienza a dialogar contigo como lo harías con alguien que necesita ser escuchada. Eres tú misma entrando en contacto con tu sentir.  Escúchate. Después de un rato, aquieta tu mente, sólo siente y empieza por darte las gracias de las experiencias que a tu mente hayan llegado, agradables o desagradables, no importa. Ambas son expresión de tu estar en el mundo.
Luego, busca en tu memoria cualquier momento de satisfacción que hayas tenido en tu vida, lo que sea que para ti haya sido de logro y céntrate en esa sensación. Llénate de esa sensación y siéntete llena de la vida que hace correr la sangre por tus venas y que con cada respiración se confirma a sí misma y repítete “Soy Vida”. Después de esto, quédate el tiempo que quieras disfrutando de esta sensación. Cuando termines sabe que todo está bien y que tú estás bien y regresa a tus actividades llena de ti, llena de paz.

Psic. Ana de la Macorra
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"La autoestima procede de uno mismo,
no de las adquisiciones y la aceptación.
Adopta la decisión personal de enamorarte
de la persona más hermosa, incitante y digna... ¡TÚ!"

Wayne W. Dyer


Texto escrito también para la revista Fernanda 2003