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Hasta que la muerte o el divorcio nos separen

Por María Gabriela Dumay

Nadie puede poner en duda que la intención al contraer matrimonio es que éste dure para siempre; aunque últimamente en Estados Unidos y, sobre todo entre las personas que tienen mucho dinero, se ha puesto de moda la firma de “convenios prenupciales”, cuyo objetivo es fijar a priori las condiciones económicas de un posible divorcio. O sea que nuestros vecinos del Norte no se hacen muchas ilusiones al respecto.


Tampoco podemos olvidar que nosotras, las mujeres latinas de más de 25 años, todavía fuimos alimentadas con la literatura en que Blanca Nieves y la Bella Durmiente veían coronados sus sueños casándose con el príncipe. Sin embargo, como nunca nadie nos relató una segunda parte “Blanca Nieves después del divorcio” o, “La Bella Durmiente y el Príncipe se Divorcian”, cuando esto sucede en nuestra propia vida nos sentimos completamente no preparadas para enfrentarlo.

No obstante, el matrimonio, cada día con mayor frecuencia termina en divorcio. Las razones son múltiples: incompatibilidad de caracteres, violencia intra familiar, adulterio o, la más frecuente: ¡Ay, ya me cansé! Claro que hay una causal que no falla, el matrimonio. Sí, mis amigas, la primera causal de divorcio es: “haberse casado.”

Las razones por las que las personas se casan, generalmente, son equivocadas: “La gente se casa porque se enamora” ¿No es esa una buena razón? Me temo que no, nos enamoramos porque se nos movió la hormona, porque el galán es guapo, rico, exitoso, porque su actitud enamorada nos promete años de ser tratadas como princesas, de recibir innumerables ramos de flores, de bailar cada sábado en los lugares más románticos, en fin, cada quien sabe por qué cayó. ¿Cómo va eso de rollo mata carita?

El punto es que el más encendido de los enamoramientos dura, cuando mucho tres años. ¿Y luego? Luego vienen los años de lavar sus calcetines, de parir sus hijitos, de ir al cine con su mamá, de oírle contar los mismos chistes. Y no vayan a pensar que, desde el punto de vista de él nosotras salimos mejor libradas, ellos tienen su propia lista de quejas: llevan años sentándose frente a la misma sopa de fideos que nunca nos queda como la que hacía su mamá, años balanceando nuestra chequera, años oyéndonos decir que estamos a dieta, y claro, que no tenemos nada que ponernos. Por algo fueron ellos los que inventaron aquello de “¿cuál es la diferencia entre una hechicera y una bruja?” Para luego dar ellos mismos la respuesta, entre grandes risotadas: “¡cinco años de matrimonio!”

¿Sabían ustedes que el 80% de los casos el divorcio lo pide la mujer? ¿Quiere decir esto que nosotras tenemos menos paciencia? ¿Menos constancia amorosa? ¡No lo piensen ni por un minuto! La realidad es que ellos tienen menos razones para divorciarse. Es fácil y muy cómodo seguir casados, llegar a casa y encontrar la comida hecha, la ropa planchada, los niños acostados o, al menos, bajo control, sin que eso les impida llevar una vida que incluye un trabajo, amigos y colegas, foot ball y una que otra cana al aire. Pese a lo cual terminan por cometer el famoso acto fallido; en otras palabras, dejan por allí la prueba del delito, una camisa con lápiz labial, una carta, o se ‘olvidan’ de cargar con el localizador que, en nuestro poder, entre bips y bips, recibe las citas y los ardientes recados de la amiguita de turno. ¿Olvido o el deseo secreto de ser sorprendidos? Y luego se sorprenden cuando les pedimos el divorcio.

Lo triste es que aun cuando sea la mujer la que lo pide, el divorcio tiene efectos devastadores. Entre las causas de estrés, el divorcio ocupa el segundo lugar, antecedido sólo por la muerte de un ser querido. La mujer cuestiona a partir de este toda su estructura, siente en muchos casos, que su vida ya no tiene un objetivo, establece silogismos donde: “no haber sido merecedora de su amor” es igual a “no merezco ser amada”, se siente abandonada, insegura, en muchos casos rechazada por su medio. ¡Toda una catástrofe!

Veamos entonces, qué podemos hacer para salir de la zona de desastre. El primer punto consiste en hacer un inventario, ¿qué hemos perdido y qué tenemos? Perdimos un hombre, sí pero, ¿estábamos realmente interesadas en conservarlo? En cambio tenemos: hijos, aunque en esos momentos no nos van a servir de mucho consuelo, más bien tendremos que preocuparnos de que el divorcio no se convierta, para ellos, en un trauma irreversible. ¡Bendición de bendiciones! Tenemos amigas, de las verdaderas, de las que no nos critican, de las que no nos ven como un peligro potencial ahora que nos hemos quedado solas. Con un poco de buena suerte, seguimos teniendo nuestra casa, la camioneta, la muchacha y hasta algún ingreso o pensión alimenticia. ¿Podríamos pensar que no estamos tan mal?

¿Cómo podemos salir entones de esta terrible depresión? Vamos a dividir los pasos en: medidas de emergencia, medidas a mediano plazo y por último, medidas a largo plazo. ¿Vamos?

Medidas de Emergencia:

a) Como seguramente aún no nos han confiscado la tarjeta de crédito, podemos ir de compras. Compren cosas lindas. Curiosamente las mujeres cuando nos hemos quedado solas tenemos tendencia a comprar suéteres u otras prendas de abrigo ¡No! Por el contrario, compren un vestido glamoroso, algunos pares de zapatos, perfumes y no vayan a olvidar el departamento de ropa interior. ¡Es difícil deprimirse con ropa interior de seda y encajes! Y además ¿quién quita...? Este ataque de compras tendrá dos efectos: nos dejará agotadas y con un guardarropa bien surtido y seguramente nuestro ex va a sufrir un soponcio cuando le llegue el estado de cuentas.

b) Visiten ese salón de belleza que está de moda, donde no habían ido por caro ¡Ahora es cuando! Pidan un tratamiento completo: facial, corte, tinte, pestañas y si tienen masajes, no se priven. Solamente tengan cuidado, ninguna depresión justifica teñirse el pelo de verde. Si estás demasiado deprimida y tu autoestima está en nivel cero, consigue un buen terapeuta, recuerda que por mucho que te amen tus amigas ¡nadie aguanta oírte llorar por teléfono a las tres de la madrugada, todos los días! Y muy importante; desde el primer día deja de referirte a tu “ex” como: “mi marido”, recuerda que ya no lo es; limítate a nombrarlo por su nombre, no importa que se llame Nepomuceno o Caritino, para ti ya no es ni siquiera Nepo, Cari, ni “gordito” pero, sobretodo elimina de tu vocabulario el “mi”.

Medidas a mediano plazo: estas son las más importantes, porque van a repercutir en nuestra vida futura. Aunque esto les repugne hagan cuentas; ¿Cuánto van a recibir mensualmente y cuánto necesitan para continuar viviendo con el mismo tren de vida? Si, como suele suceder, las cifras no empatan. ¡Planifiquen! Hagan listas y más listas de las posibles formas de obtener ingresos adicionales. ¿Recuerdan cuántas veces han hablado de poner una boutique? Quizá este sea el momento adecuado. ¿Todo mundo alaba tu forma de cocinar? ¿Tus pasteles son famosos? Tal vez ahora que no tenemos que cocinar para nuestro “ex” sea el momento de convertir esta cualidad en un buen negocio. Sólo recuerden que hay que escoger algo que verdaderamente nos guste hacer, que no se nos convierta en una carga. ¿Y qué si los ingresos que nos ha dejado la hecatombe son más que suficientes?

Entonces planifiquen. No se trata aquí de planear un viaje (eso entra en las medidas de emergencia). Pensemos que estamos en el primer día del resto de nuestra vida ¿qué quieres hacer con esa vida larga y feliz que se extiende ante ti? Puede ser la ocasión para estudiar esa profesión que dejaste trunca para casarte, para tomar clases de pintura, música, historia del arte, computación, en unas palabras ¡Para hacer todo aquello que te convertirá en una persona mejor!

Quizá, descubrirás que hay algo que siempre quisiste hacer y ¿quién quita? A lo mejor, como yo, te conviertes en escritora.

Si tienes un capital propio, no desdeñes la posibilidad de convertirte en una experta en finanzas, quizá te parezca menos glamoroso que ser artista o intelectual pero, te puedo asegurar que en ese medio tienes muchas más posibilidades de encontrar nuevos amigos, amigas, y si quieres, hasta novio guapo y exitoso.

Medidas a largo plazo: seguro que en este rubro entra la posibilidad de encontrar novio o de volverte a casar. ¡Vamos de nuevo a hacer listas! Llena páginas de páginas con las cosas que más te desagradaban en tu “ex” , recuerda que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y ¡al menos tú, no vas a repetir el numerito! Llena también una hoja, bueno, diez líneas, con lo que sí te gustaba en él, y observa esas cualidades en tus prospectos. Otra medida a largo plazo es: apenas puedas, cómprate una casa, sin fantasías, eso te dará seguridad.


Querida, contemplar la vida sin un hombre al lado te puede parecer terrible, no lo es tanto. ¡Palabra de amiga! Y nunca olvides que aunque tengas 70 años, no está dicha la última palabra.

Por María Gabriela Dumay