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Muertes anunciadas

Por Dr. Eduardo Grecco

En occidente, la muerte ha sido un factor de dolor ... la muerte. Vivir la muerte, que es lo mismo que plantear que la muerte no es algo que nos sucede sino que hacemos con lo que sucede...

La muerte es algo que siempre acontece. Cuando aparece coloca al hombre ante la imagen de la finitud, ante la violencia de los tiempos concluidos y de las vidas agotadas.
Sin embargo, por alguna razón, la humanidad ha emprendido siempre la búsqueda de puertas de escape a la clausura de la muerte.

El "más allá", la "reencarnación", la inmortalidad y mil formas más que intentan dar razón y sentido a este día de colegio que es cada existencia. Pero lo cierto es que, aunque continuemos, hay siempre una encrucijada en donde la muerte es el límite.

La muerte siempre ocurre. Es un hecho ineludible, y al tener que enfrentarse con lo cotidiano de la muerte, el hombre se vio impelido a tener que aprender, a lo largo de su evolución, a plantear este tema desde otros ángulos y perspectivas.

Una es, por ejemplo, decir que lo importante no es la muerte sino como se vive la muerte. Vivir la muerte, que es lo mismo que plantear que la muerte no es algo que nos sucede sino que hacemos con lo que sucede.

Introducir conciencia en la muerte es un tema que ha preocupado en las últimas décadas a muchos pensadores y conlleva el abordar las actitudes del hombre frente a ella. Porque es bien cierto que cada cual, frente a la muerte, es "alguien diferente", que la muerte siempre singulariza y dramatiza el recorrido de una vida.

"Murió como vivió", suele decirse a esa coherencia de historia y final de una existencia. Pero tras esa diversidad pueden encontrarse ciertas regularidades, ciertas posturas del hombre frente a la certeza próxima del final de sus días carnales. 

La conciencia de la muerte no es entonces una cuestión menor. En los umbrales de la "partida", ser consciente de qué se está partiendo, permite una mirada diferente. Morir es romper con los lazos que nos atan y frente a ese acontecimiento, suceso, experiencia, partida y conciencia se responde de muchas maneras, algunas de las cuales veremos.

MUERTE Y TRAUMA

Todo organismo vivo tiene una capacidad determinada de asimilar estímulos y experiencias. Este umbral de reacción está construido a partir de patrones propios de la especie, a los que se agregan otros que pueden ser hereditarios, constitucionales o experienciales. Esto hace que cada quien tenga un grado de mayor o menor resistencia que otros ante las mismas situaciones. 

Cuando la excitación recibida va más allá de este límite se puede producir un desequilibrio que se traduce en una variada gama de reacciones, de acuerdo con la naturaleza de los factores que lo están causando e inclusive pueden alcanzar a convertirse en "trauma".
Un trauma es un monto de excitación que la persona no puede descargar y que, al quedar dentro de ella, la desorganiza, lastima y hace sufrir.
Esta energía inasimilable que queda dentro del sujeto, que no encuentra camino de salida, altera su conciencia de un modo radical, lo conmociona tanto psíquica como orgánicamente hasta tal punto que la persona se siente extraña y desconectada de la vida.

La muerte sorpresiva tiene este color traumático para quienes quedamos vivos. Es algo que no logramos metabolizar, incorporar y transformar en acción efectiva. Y, como en todo trauma, existe en esta experiencia una tendencia a la rememoración dolorosa de este episodio, a veces en sueños, a veces en plena vigilia.

Sin duda cualquier muerte, aun la esperada, posee algo de este carácter, pero ya nos hemos ido preparando de tal modo que el impacto queda amortiguado por la elaboración de la espera. Uno fue acondicionándose lentamente a una situación que, cuando sobreviene, no nos sobresalta por la sorpresa sino que nos sobrecoge por el dolor.

La muerte inesperada sobresalta, asusta, pone al hombre frente a un peligro inexplicable del que se quiere huir, que desordena y hasta paraliza. Por eso frente a ella la mayoría de las personas se desconciertan y van de un lado a otro en busca de la liberación y comprensión que no llegan.

Así, entre la muerte anunciada y la inesperada, se abre un abismo de vivencia sobre el terreno común de la pena, por lo perdido. Ambas son traumáticas, pero una bajo la forma del sobresalto y otra del sobrecogimiento.

¡No lo puedo creer!

Carlos era un amigo. Solidario y buena persona como pocos, me encontraba con él a desayunar y hablar de "la vida y del corazón". Un día me entero por el diario de que lo habían matado.

No lo podía creer. "No, no puede ser posible". Hasta el punto que pensé, el primer día que leí la noticia: "Mira qué casualidad, llamarse de la misma manera". Frente a la muerte inesperada ésta suele ser una reacción habitual: la incredulidad. Nadie puede imaginar que esto sea posible.

No le pude decir...

Otra cosa que pensé ya que me confirmaron el asesinato de Carlos: pero como, todas las cosas que tenia quedaron en el tintero, tantas cosas que teníamos para hablar. Habíamos quedado en hacer tal proyecto.

Esta es otra importante circunstancia: ya no voy a poder cerrar lo que ya no cerré. Cuando mi padre se estaba muriendo, estando aún en su casa, lo fui a ver, le hablé y le dije que me perdonara todo lo que debía perdonarme, que lo quería, me despedí antipáticamente, cancelé, internamente las cuentas pendientes. En las muertes inesperadas esto no es posible, siempre nos quedamos en vilo, con palabras en la boca y caricias en las manos. 

Las muertes inesperadas son irreparables.

Y ahora ¿qué voy a hacer?

¿Qué puedo hacer? ¿Cómo reaccionar? Las muertes inesperadas nos dejan sin libreto, nos conmueven hasta tal punto que uno pierde las referencias habituales y hasta puede parecer torpe, incapaz de desarrollar una conducta coherente. En algunos casos hay alejamiento total. Una especie de fobia a todo lo que se relacione con el muerto. En otros surge la negación: si hay dolor que no se note. En otros, descontrol. Y así muchas respuestas diferentes. Pero pese a la diversidad hay una sensación en común: algo ha cambiado, ya nada es igual.

En suma

En suma, la muerte inesperada, aparece como un acontecimiento inexplicable, sorpresivo y sorprendente, conmocionante y desbordante, increíble e imprevisible, pero sobre todo como una experiencia transformadora y violenta.

La vida no nos dio tiempo, nos cambió los libretos, nos hace actuar la obra con un personaje menos. Frente a esto podemos reaccionar de mil modos, pero no podemos ser indiferentes. Hay algo en la muerte inesperada que nos toca. Tal vez, el hecho de que, aunque organicemos nuestras vidas hasta el mínimo detalle, la muerte es una variable incontrolable y esto es lo que asusta y lo que nos recuerda la muerte inesperada.

Dr. Eduardo Grecco

 
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