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El proceso creador humano

Por: Dharma Raj

Dentro de un sueño, está claro que nosotros somos los creadores de nuestra propia experiencia:formas, colores, texturas e incluso aromas que se presentan a nuestra conciencia surgidos de nuestro potencial creativo. Dentro de un sueño, el proceso creador es instantáneo: pensamos en volar y, de inmediato, nos encontramos volando. En la realidad física, no es claro que nosotros somos los creadores de nuestra propia experiencia – aunque lo seamos – pues el Universo tiene que tomar en cuenta la voluntad y los procesos creativos, no sólo de nosotros, sino de todos nuestros semejantes. Por otro lado, en la realidad física, los procesos creadores toman tiempo y no siempre son evidentes. Sin embargo, estamos creando todo el tiempo...


y mientras más conscientes seamos de este proceso, más capaces seremos de asumir la responsabilidad por nuestra experiencia y de dejarnos de las posturas de víctimas. Este ensayo trata sobre los principios del proceso creador humano, intuidos en un instante de inspiración y explicados, letra por letra, desde el inicio hasta el final.

Quiero empezar por hacer una distinción, aunque sólo sea para efectos del presente ensayo, entre creatividad y creación. Conozco personas muy creativas que, sin embargo, son muy poco creadoras. Su mente rebosa de ideas geniales y de sueños visionarios mas, por alguna razón, la materialización física de esas ideas se queda atascada a la mitad del camino. Por eso, me gustaría definir creatividad como la capacidad para obtener la inspiración intuitiva de las profundidades del Ser, mientras que con creación quiero decir el proceso completo de creación, desde la inspiración hasta su realización en el plano físico. Por eso hablo del proceso creador humano, pues como humanos tenemos que aprender a dominar el proceso creador en el plano físico. Supongo que el proceso creador divino no está sujeto a las leyes físicas, pero el nuestro, en este plano, sí lo está.

Thomas Alva Edison, el prototipo del creador de la Era Industrial, dijo que el proceso de creación era “un 10% de inspiración y un 90% de transpiración”. Su definición, que podríamos parafrasear como “una meta y mucha chinga”, fue válida durante todo el siglo XX. Creo, sin embargo, que en este nuevo milenio estamos más que listos para trascender y refinar esa definición que, más que nada, implicaba que lo más importante es el esfuerzo. Yo creo que debemos dar por terminada la era del esfuerzo e inaugurar la era de la Conciencia. Utilicemos al propio proceso creador para hacernos más conscientes como seres creadores. Lo que propongo aquí, no es nada nuevo, pues ya se mencionaba hace más de 5’000 años en el Bhagavad Gita. Sin embargo, creo que mientras se diga de más maneras diferentes y más adaptadas a nuestro tiempo, mejor se entenderá.

 

Las tres P’s del proceso creador

Las tres P’s del proceso creador son Presencia, Paciencia y Propósito. Están aquí ordenadas, desde el momento presente hacia el futuro, como se llevan a cabo una vez que ya está en marcha el proceso. Sin embargo, lo primero que surge es el propósito, por lo que las explicaremos en el orden inverso.

Propósito

En lugar de la palabra “propósito”, casi todo el mundo utiliza las palabras “meta” u “objetivo”: típicas palabras del siglo XX. Ambas tienen el sentido del “punto hacia el cual se quiere llegar”. Yo prefiero la palabra propósito porque no necesariamente implica un punto – puede referirse más fácilmente a un proceso continuo o a un compromiso, como el propósito de ser padre – y porque da más una idea de “algo por lo que se apuesta”. Esto implica un grado de fe más que de esfuerzo, y la fe, en mi experiencia, es más importante que el esfuerzo para que algo se materialice. Si me esfuerzo sin fe, me esfuerzo en vano, y tarde o temprano me voy a auto-sabotear para honrar mi falta de fe. Y la fe, ya está dicho, “mueve montañas”; a veces, sin esfuerzo. Más que “meta” u “objetivo”, yo estaría más dispuesto a usar las palabras “sueño” o “visión”, pero prefiero la palabra “propósito” porque implica que “no vamos a quitar el dedo del renglón”. Se puede abandonar un sueño, sin que deje de ser un sueño, pero cuando se abandona un propósito, deja de ser un propósito.

El propósito surge de la necesidad y de la creatividad. Ya sea una necesidad externa, como podría ser un problema a resolver, o bien una necesidad interna, como es la siempre presente necesidad de expresarnos y de crear. Y la creatividad surge de plantear esa necesidad a las profundidades de nuestro Ser. Jung diría que la creatividad brota del Inconsciente Colectivo. Otros dirían que de las musas o, lo que es lo mismo, de la inspiración divina. Emma Godoy decía que los creativos tienen abierto un canal hacia el Inconsciente Colectivo y que el Inconsciente Colectivo es la Esposa de Dios. Lo entendamos como un proceso puramente psicológico o como el soplo de Dios, está claro que lo importante es mantener abiertas las válvulas y destapadas las tuberías que conducen hacia la Inspiración. La crisis de creatividad que tenemos en occidente se debe, sencillamente, a que esas tuberías están tapadas por creencias y patrones subconscientes limitantes. “No soy lo suficientemente bueno” es una creencia limitante que podría englobar a muchas otras y que es casi omnipresente en nuestra sociedad. Cómo deshacerse de esas creencias limitantes ocuparía muchos libros y queda fuera de este ensayo. Tan sólo quiero decir que una buena herramienta es la Veracidad (Satya, en sánscrito): la honestidad consigo mismo. El alcohólico no dejará de serlo hasta que sea honesto consigo mismo y reconozca que es adicto al alcohol. De ese modo, tenemos muchas sutiles “adicciones” a creencias y a patrones de pensamiento auto-limitantes.

Pero no basta con limpiar las tuberías para que surja el Propósito de las profundidades del Ser. Hay que abrir las válvulas, y eso significa estar abierto a la Inspiración con la absoluta certeza de que llegará. Parte de la idea del Inconsciente Colectivo es que es el depositario vivo de todas las manifestaciones humanas. Por eso, si tenemos abierto nuestro canal hacia él, no tiene por qué no llegar la inspiración cuando le planteemos una necesidad. La única razón por la que ésta podría no llegar es nuestra propia falta de fe en nuestras capacidades.

Entonces, planteada la necesidad a nuestro Ser, surge la inspiración que le dará forma a nuestro propósito: la visión de nuestra creación, nacida de un chispazo intuitivo. Quizás vislumbramos un nuevo proyecto, una obra de arte, un matrimonio, un hijo... Por ahora, éste existe solamente en el plano de las ideas. Para que se convierta en Propósito, debemos movilizar nuestra voluntad hacia esa visión. Y no quitar el dedo del renglón. El Propósito no existe, tal como el futuro no existe. El Propósito es un resultado potencial, tal como el futuro es un resultado potencial. Nosotros sí existimos, en el presente. La idea del Propósito es que en algún momento exista: que en algún momento sea Presente. Y para eso, no hay que perderlo de vista. Nótese que no estoy diciendo “hay que esforzarse para alcanzar la meta”. Estoy diciendo, sencillamente, que no hay que quitar el dedo del renglón. Y hay veces en las que el dedo reposa tranquilamente y sin esfuerzo alguno sobre el renglón. Visto esto de manera gráfica, si trazáramos una línea de tiempo, nos quedaría así:

Yo.............................................................................................................................Propósito

Es decir, tenemos a nuestro Propósito separado de nuestro presente por una sucesión de instantes que debemos aprender a navegar, con paciencia y con presencia.

Paciencia

¡Cuántas veces no alcanzamos nuestro Propósito por pura desesperación! La ansiedad nos obliga a apresurar las cosas cuando no ha madurado aún el momento para hacerlas; la desesperación nos fatiga y esa fatiga acaba por hacernos abandonar nuestro propósito. La Paciencia no es fácil de aprender y no me extraña que una cultura milenaria como la china la considere la principal virtud. Yo defino a la Paciencia como la “ciencia de la Paz”. Si nuestra ansiedad y nuestra desesperación se disuelven en la Paz, seremos capaces de realizar cada acción en el momento perfecto. Además, el que tiene Paz no se cansa de perseguir un propósito por años. La Paciencia nos permite, entonces, llegar al siguiente instante de nuestra línea del tiempo con nuestras facultades creadoras completas. La cuestión es “¿cómo se obtiene la Paz?” Un Maestro Ishaya diría: “ascendiendo”. La Paz, al igual que la Inspiración, surge del fondo del Ser cuando estamos abiertos a ella y cuando tenemos las tuberías limpias. Discutir sobre cómo se obtiene la Paz no es el objeto de este ensayo. Sin embargo, al respecto del proceso creador hay algo que tenemos que decir sobre la Paz: está indisolublemente ligada a la sensación de que cada instante es perfecto como es. Es necesario pasar por la mitad del camino para llegar a su final. Y en su estado de “mitad del camino”, por más que la casa esté en obra negra o el manuscrito a medio acabar, ese momento es perfecto como es y precisamente porque Es. Conforme vamos navegando los instantes hacia nuestro propósito, vamos realizando diversos momentos que existen por un instante, en toda su perfecta plenitud. Cuando tenemos Paz, nos damos cuenta de que cada instante es perfecto como lo es cualquiera de los cuadros de una película, sin la sucesión de los cuales, no habría película. La Paciencia, en este sentido es, pues, el arte de percibir la perfección de cada instante del proceso creador. Pasar al siguiente instante, en ese estado, es fácil y natural.

Presencia

El Propósito es un potencial. La Paciencia es la capacidad para navegar tranquilamente cada instante hacia nuestro Propósito. La Presencia de nuestra conciencia en cada instante – en cada momento presente – es la manifestación de nuestro poder creador en el único momento en el que podemos actuar: ahora mismo.

Presencia significa vivir en el momento presente, sin culpas por el pasado ni ansiedad por el futuro, para contar con la suficiente objetividad como para tomar decisiones y para contar con el suficiente poder como para actuar con toda nuestra fuerza de voluntad. Presencia no significa perder de vista nuestro Propósito, sino a cada instante elegir por él con Paciencia.

Cuando descomponemos al tiempo en instantes y vivimos cada instante como el momento presente, es fácil tomar decisiones. Las decisiones a menudo se simplifican a dos opciones: la que nos acerca a nuestro propósito y la que nos aleja de él. Cuando vivimos el momento presente, es más fácil que no nos influyan cargas emotivas del pasado a la hora de tomar una decisión. También es más fácil que no tomemos decisiones apresuradas, porque no estamos ansiosos.

Tampoco es el objeto de este ensayo el enseñar a tener Presencia. Los Maestros Ishayas enseñan que para tener Presencia hay que ascender. Los Maestros Zen enseñan que, siempre que sorprendamos a nuestra mente enganchada a momentos pasados o futuros, hay que detenerse y tomar conciencia del momento presente. Con el tiempo, la Presencia se vuelve un hábito. Para efectos del proceso creador, la Presencia se vuelve sumamente importante, porque enfocamos todo el poder de nuestra conciencia en el único momento en el que la acción es efectiva: ahora.

 

Las dos A’s del proceso creador

El Universo es complejo. Uno propone y Dios dispone. Un Maestro Ishaya me dijo: “no importa qué tan bueno sea tu plan, Dios siempre tiene un mejor Plan”. Muchas veces, las cosas, no salen como nos lo proponemos. Esto no tiene porqué detener al proceso creador. El proceso creador es, de hecho, infinito. Simplemente, tenemos que aprender a acomodarnos a las nuevas circunstancias y a fluir con la corriente del propio Universo. En estos casos, las dos A’s del proceso creador son Adaptabilidad y Aparigraha. “Aparigraha” es una palabra sánscrita que significa “no asir”, o sea, dejar ir, soltar. Adaptabilidad y Aparigraha pueden parafrasearse como “flojito y cooperando”: no desgastarse yendo en contra del Universo, sino remar a su favor.

Adaptabilidad

Supongamos que nosotros nos habíamos fijado un Propósito y un camino para llegar a él. A lo largo del camino, las circunstancias nos obligan a cambiar de curso: nos desviamos del camino recto hacia nuestro propósito. En estos momentos, tenemos dos opciones: o bien retomamos el curso y nos dirigimos hacia el propósito original, o bien cambiamos de Propósito. Si lo representáramos de manera gráfica, esto podría quedar así:

 

Punto Inicial............................................................................................................Propósito

                                   \...........Yo/.................................................................Nuevo Propósito

 

Muchas veces, es más sabio y más enriquecedor cambiar de Propósito. Otras veces, podemos adaptarnos a las circunstancias y lograr nuestro Propósito original sin demasiadas complicaciones. El arte de la Adaptabilidad consiste en la sabiduría para considerar entre mudar de Propósito o retomar un nuevo curso hacia el original.

De hecho, la adaptabilidad es una cualidad inseparable de la Vida. Gracias a la adaptabilidad de la Vida, ha perdurado ésta en toda su diversidad durante miles de millones de años. Podemos asegurar que, gracias a esa adaptabilidad de la Vida, cuando ya no exista un solo ser humano, seguirá habiendo Vida. La pregunta no es si la Vida como tal es adaptable, sino más bien qué tan adaptables somos nosotros como seres vivos individuales. De nuevo, mientras más enraizados tengamos patrones de pensamiento y creencias auto-limitantes, menos adaptables seremos.

Aparigraha

Muchas veces, las circunstancias nos obligan a desistir de nuestro Propósito original. Las demás veces, logramos nuestro Propósito y acabamos nuestra creación, pero ésta, como todas las obras humanas, llega a su fin. De una u otra manera, debemos ser capaces de dejar ir a nuestras creaciones, ya sea acabadas o a medio terminar, para poder pasar a lo que sigue. Cuando dejamos ir una creación – cuando nos desapegamos de ella – se siente un gran alivio. Dejamos espacio para ocupar nuestras energías en otra cosa. Aparigraha es el arte del desapego. Parafraseando al Bhagavad Gita, el Yoga de la Acción es desempeñar una acción de manera efectiva sin estar apegado a  los frutos de esa acción.

Muchas veces estamos apegados a nuestras creaciones porque derivamos nuestro propio sentido de la identidad de lo que hacemos, más que de lo que somos: “yo soy una madre”; “yo soy empresario”; “yo soy marido”; “yo soy jardinero”... son frases peligrosas, porque el día en que el hijo se muere, el día en que la empresa quiebra, el día en que la esposa se va, el día en que el jardín se hiela... ese día se tambalea nuestra propia identidad: se resquebraja nuestro ego. Y eso es algo muy doloroso.

Todo padre tiene que dejar ir a sus hijos algún día. Todo creador debe dejar partir a sus propias creaciones, con su bendición. Y soltar algo nos quita un gran peso de encima. Es un verdadero alivio para la mente y para la conciencia. Se nos despeja el panorama y podemos pasar a lo que sigue: quizás plantearnos un nuevo Propósito. Sin embargo, me temo que muchas veces Aparigraha se tiene que aprender por la mala, viviendo el duelo y la pérdida desde el principio hasta el final. En ese final, cuando hemos aceptado nuestra pérdida, entonces llega Aparigraha. Aunque no tiene por qué siempre ser así. Podemos estar desapegados de nuestra propia creación desde el inicio del proceso creativo: desde que fijamos el propósito. Decir “me propongo lograr algo; si se da, qué bueno, y si no se da, ni modo” es mucho más sabio que decir “voy a lograrlo aunque sea lo último que haga”. Por eso insisto que hacerse un Propósito debe parecerse más al apostar con fe por algo que a fijarse una meta ineludible. Simplemente porque se sufre menos. Lograr Aparigraha siempre equivale a ahorrarse sufrimiento.

Cuando el Propósito es la Conciencia

Todos los humanos estamos creando, a cada instante. Sin embargo, el estar consciente del proceso creativo nos ayuda a convertirnos en mejores creadores rápidamente. También nos ayuda a incrementar en general nuestro nivel de conciencia. Además, estar consciente del proceso creativo que se da en nuestra propia vida nos convierte en los autores de ésta, en lugar de víctimas de las circunstancias. Todo esto, independientemente de cuál sea el Propósito en mente. Yo incluso diría que aunque tu propósito sea cometer un asesinato, te conviene realizarlo de manera consciente. Sin embargo, hay Propósitos que te ayudarán a incrementar tu nivel de conciencia y, acá entre paréntesis, incrementar el nivel de conciencia es lo que necesitas tú para liberarte del sufrimiento y lo que necesita este planeta para sanarse. Cada día hay más personas cuyo principal Propósito es la propia expansión de la Conciencia, tanto individual como colectiva.

La Conciencia como Propósito tiene algunas particularidades. En primer lugar, no hay un punto final: la Conciencia siempre se puede seguir expandiendo, de manera infinita. En segundo lugar, lo curioso es que es casi obligatorio el que te hagas consciente del proceso creativo para avanzar más firmemente hacia tu propósito. Es decir que, si ya eres consciente del proceso creativo hacia un propósito cualquiera, serás mucho más eficiente a la hora de alcanzar la expansión de tu propia Conciencia.

Una vez, un Maestro Ishaya dijo “los propósitos de la Creación son el gozo y la liberación”. Claro que él se refería a la Creación con mayúscula. Sin embargo, yo estoy seguro de que cualquier proceso de creación humana, realizado de manera consciente, nos traerá nuestra porción de gozo y nuestra porción de liberación. Tanto más cuando nuestro Propósito es la Conciencia, porque la Conciencia liberada es gozo.

Dharma Raj
Ishaya 

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