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Contratos que hacemos para una Vida

Por Martha Sánchez Llambí
 

Se dice que antes de nacer - cuando nos encontramos en la antesala de la vida hacia la 3ª dimensión, rodeados de seres de luz, acompañados por ángeles, incluido nuestro ángel custodio - se nos pide escoger el lugar (país) a donde vamos a ir para aprender la lección que quedó pendiente.

Estoy hablando de reencarnaciones, pero también hablo de una vida de primera instancia que tiene mucho que aprender. Durante esa entrevista con los maestros y guías, podemos escoger, además, quiénes serán nuestros padres. Por lo tanto, tenemos la oportunidad de hacer una selección lo suficientemente amplia como para integrar, asimismo, el momento de nuestro nacimiento y de nuestra muerte.

 

Al parecer se nos da una extensión de tiempo considerable para poder meditar tan importante decisión. Podemos 'negociar' el lugar de nacimiento y los padres. El vocablo 'negociar' está empleado en el mejor sentido de la palabra, es decir, la opción de sopesar muy bien lo que esa nueva vida nos va a brindar y si realmente creemos que vamos a cumplir con nuestra misión.

Una vez hecha la selección haremos el viaje en compañía de nuestro ángel custodio.

A esta serie de decisiones se les llama "contratos". Ya tenemos, pues, un contrato con nuestros futuros padres en esta nueva vida. Nuestros padres jugarán un papel muy importante como espejos para que veamos reflejadas en ellos las lecciones que tenemos que aprender. Sin quererlo, en ocasiones los padres actúan un rol nada agradable de villanos porque de lo contrario no aprenderíamos.

Nuestra presencia en la Tierra se verá influenciada por los eventos que se susciten una vez iniciado el proceso de vida al lado de esos padres y de todos los individuos que nos circunden a partir del nacimiento. Cada toma de decisión será fundamental para marcar el aprendizaje o el rechazo a ver con claridad nuestra tarea.

Ocurre que no siempre recordamos el contrato previo. Podemos establecer un comportamiento en donde por más que nuestros padres, familiares, maestros y amigos nos insistan en el cambio de actitud, nosotros tercamente actuaremos en oposición a la lección. Entonces nos veremos rodeados de frustraciones, enfermedades y emociones negativas. El enojo se instalará en nuestro interior, seguido por una gran infelicidad.

Si acaso logramos un día ver la luz (otra manera para indicar la rectificación del camino) las cosas tomarán mejor cariz y nuestra humildad para dejar ir lo que no nos sirve, dará paso a la culminación de esa misión que debíamos cumplir.

Debo agregar que los 'contratos' pueden existir en esta vida consciente de 3ª dimensión, en nuestra realidad, cuando voluntariamente decidimos dar un giro a nuestra vida porque de pronto algo nos dice que las cosas podrían ir mejor. Es nuestra búsqueda desesperada por una paz interna que nos mantenga alejados del estrés, la angustia, la tristeza. Se trata, entonces, de nuevos contratos.

Para esa búsqueda no necesitamos médicos que nos receten antidepresivos ni antibióticos. Solamente requerimos un momento de introspección, el instante en que nos encontramos con nosotros mismos, en la quietud de nuestro espíritu. Ese momento es la unión con nuestro Yo superior. Se trata de un espacio de tiempo que podríamos llamar la explosión de eterna sabiduría que inunda nuestro ser y nos permite corregir el rumbo.

Los invito a observar con detenimiento cuál contrato pudimos haber hecho previamente tanto con nuestros padres como con cada una de las personas cuya presencia tiene un significado específico en nuestras vidas. Por ejemplo, pueden ser individuos hacia quienes tenemos un rechazo pero que no podemos hacer nada al respecto porque se trata de compañeros de trabajo. Pueden ser amigos que frecuentemente nos hacen sentir mal por ésta o aquella observación. Las lecciones están ahí, siempre. Nuestro compromiso es aceptarlas.

En el preciso instante en que comprendamos lo que vinimos a aprender nacerá en nuestro interior lo que Jelaila Starr*, autora norteamericana, llama la Hormona de Compasión. De eso se trata, de sentir compasión por todo ser vivo y de proyectar ahí mismo, el Amor.

La compasión es algo difícil de describir, sin embargo, sentir compasión nos lleva a estados superiores. Yo diría que es prácticamente un estado alterado de conciencia, es uno de dos sentimientos fundamentales y ya mencioné el otro. Cuando sentimos compasión por el otro nos vemos envueltos en el amor y eso, no tengo que insistir mucho, eso es TODO.

Desde mi centro luminoso, para ti.

Por: Martha Sánchez Llambí

(*) Jelaila Starr, es conferencista y canal de Guías cuyos mensajes son publicados en su página de Internet : www.nibiruancouncil.com - Su artículo titulado "La Fórmula de la 13ava Dimensión Para Eliminar el Enojo" describe la Hormona de Compasión que menciono en los párrafos anteriores.