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Central de paradigmas

por Judith Levana

 

Imagínate que vives en un centro energético en donde cada pensamiento que tienes, cada palabra que emites, cada acción que tomas, resonara en eco tremendo en el resto del planeta...

Imagínate que un día, mientras todos a tu alrededor duermen, tu abres los ojos y te das cuenta que un hábito tuyo lleva tiempo haciendo daño a quien más quieres. Podrías sentir una urgente necesidad de reparación.

Yo, por ejemplo, durante años saqué a mis perros a la calle y no me molestaba en recoger los pastelitos que dejaban en el asfalto. Recibí quejas de transeúntes y gritos de otros dueños de perros sin que siquiera se me moviera el arete hasta que una buena amiga finalmente logró penetrar mi egoísmo.

 

Para compensar los años de negligencia, hoy día no sólo recojo los pastelitos de mis perros sino a veces también los de otros canes que no me pertenecen pero cuyos dueños hoy están en el mismo nivel de conciencia que estaba yo hace unos años.
¿Qué me pasó? me cayó el veinte. Me di cuenta que vivía en sociedad. Me cambió el paradigma.

Es a través de pasos muy pequeños como este que se puede lograr que el monstruo llamado ciudad de México encuentre un balance ecológico y poblacional que en este momento parecería imposible.


La pregunta obligada a cada habitante de esta enorme urbe: ¿merecemos tener un futuro? o ¿estaremos condenados a abandonar finalmente el mítico lago, disecado por nuestra falta de conexión con nosotros mismos, con la naturaleza que rige y con nuestros vecinos y con las generaciones por venir?
Esa pregunta la hace Antonio Velasco Piña, escritor, historiador, mexicanista, uno de los visionarios del despertar de este país. Mira afuera de su ventana, en su casa familiar ahora convertida en oficinas, a un paso del bosque de Chapultepec, y recuenta la degradación social de la que ha sido testigo. ¿Cómo se puede tener esperanza ante los innegables hechos: pobreza, violencia, destrucción, ruptura de los límites?


"El siglo XX, en especial, causó una terrible destrucción en esta ciudad," dice. En este lugar había grandes lagos y especies vegetales y animales únicas en el mundo que ya no se encuentran aquí. El reto que tenemos que enfrentar hoy es cómo, con los ingredientes que tenemos, podemos emerger con modelos de convivencia diferentes de los que heredamos.


La crisis no es nuestra solamente. Hay un mundo que está muriendo: aquel que prometía que seríamos felices si sólo lográramos el poder, el dinero y el placer, y que estableció reglas de vida y comportamiento que nos encadenaron a esos tres elementos que ahora ya sabemos no cumplen su promesa de satisfacción. Ese es un paradigma, un modelo, que llegó a su cansado fin.
Y lo interesante, en la visión de Velasco Piña, es que el lugar estratégico de México en el mundo es como "central de paradigmas" para el cambio que ya está en nuestra puerta. Es decir, aquí estamos inventando y llevando a la práctica maneras de convivencia que exigen actitudes y acciones conscientes a llevar a cabo antes de que el caos nos engulla.
Velasco Piña fue quien inmortalizó a Regina como la guía espiritual que se sacrificó con cientos de mexicanos en la matanza de Tlatelolco para lograr el despertar. Su libro generó grupos de conciencia que hoy día continúan hilando la visión del pueblo que recibe desde Tibet la directiva de transportar al mundo a otra realidad.


La fuerza de México proviene de la profundidad de las raíces, la certeza de la fe, y la flexibilidad que se ha requerido para adaptarse a una realidad hostil a los individuos que no cuadraran dentro de los esquemas de poder.
El paradigma que nace tiene que establecer para nosotros, que vivimos en este concurridísimo caldero, un espacio donde podamos aprender a convivir dignamente sin explotar al vecino y sin destruir el medio ambiente.


¿Y quién va a ser el primero en la cuadra en poner la basura en su lugar?


La acción de un individuo hace una diferencia a nivel planetaria. Se habla de los campos morfogenéticos, teoría que emerge fuertemente con el científico Rupert Sheldrake y otros, que dice que cada cambio que realiza un miembro de una especie se traspasa a nivel información al resto de los miembros así garantizando una evolución grupal. Se habla de la masa crítica, donde sólo un pequeño porcentaje de una población necesita concientemente enfocarse hacia el cambio, para que lo logremos todos.


Esto puede darte otra perspectiva a la posibilidad que no necesitamos que todos estén "en la onda" para realizar el enorme trabajo que muchos sabemos se necesita hacer pero pocos en verdad hacemos.
En la antigua Tenochtitlán, rodeada por lagos y lagunas, cada habitante sabía que su contribución al bienestar de la ciudad era necesaria. Sabían que si tiraban basura al lago, de donde todos bebían, pronto se envenenarían los depósitos y la población entera sufriría. La respuesta individual reflejaba las necesidades colectivas.


"Esto ya se ha logrado aquí," dice Velasco Piña. Las circunstancias hoy son más graves, los problemas más agobiantes. Restaurar la delicada ecología humana y planetaria es una tarea que tenemos a plazo inmediato.


Imagínate que una acción tuya podría cambiar el balance del mundo. Así de poderoso eres. Ahora imagínate lo poderosos que somos juntos.


Por: Judith Levana
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