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Destino y libre albedrío... ¿Son lo mismo?

Por: Veet Pramad

 

Fui invitado a dar una conferencia en el 1o Congreso Brasileño de Tarot realizado en São Paulo en Noviembre de 2002. Doscientos y cincuenta estudiosos y profesionales del Tarot llenaban uno de los auditorios del hotel. Después de cada tres charlas teníamos una rueda de preguntas. Una persona me soltó: ¿Existe predestinación? Yo acababa de explicar para la audiencia, que somos nosotros mismos, quienes construimos nuestro destino. O sea, que existe predestinación, ya que estamos cosechando continuamente lo que plantamos.

 

Cuando no tenemos consciencia del proceso, pensamos que lo que la vida nos manda no tiene nada que ver con lo que hicimos o dejamos de hacer antes; y acabamos, resignados o sublevados, diciendo: "Bueno… era mi destino", creyéndonos que nuestra vida está controlada por misteriosas, inalcanzables y caprichosas fuerzas.

La incomprensión de la ley física de acción y reacción no impide que ésta se cumpla inexorablemente. Así que, ser dueños de nuestro destino, es proporcional al grado de consciencia que tenemos al respecto de nuestros actos y omisiones, y de la funcionalidad de nuestro sistema de creencias.

Según la astróloga Liz Green: "Durante todo el tiempo, el hombre crea el mundo de acuerdo con los patrones de pensamiento que él genera, y produce una realidad que es la expresión exterior de estos patrones". Sin embargo, en esta escuela planetaria vivimos cíclicamente momentos, donde todo parece estar atado y difícil, junto con momentos de apertura y oportunidades; tiempos de crisis y horas de resultados; a veces, parece que las circunstancias nos llevan a tomar iniciativas, de las cuales nunca nos hubiéramos sentido capaces de tomar. Lo más chistoso es que parece que todo esto no tuviera ninguna relación con el grado de consciencia que tenemos. Pero en realidad, estamos pasando por pruebas o exámenes, donde los maestros Saturno, Júpiter, Urano, Neptuno y Plutón nos desafían a crecer en los diferentes aspectos de la vida. ¿Cómo vamos a salir de estas pruebas? Ahora sí, depende de nuestra consciencia.

Entonces, nosotros tarólogos, interesados en ayudar a las personas a ser más felices, ¿qué podemos hacer?

La cuestión ya no está en si el Tarot puede adivinar el futuro de las personas, de los países, de las empresas. Claro que puede. Durante siglos fue usado así y funciona, porque si no funcionase habría desaparecido. Además, siempre hay personas que han insistido tanto en ciertas actitudes, que hoy les resulta muy difícil cambiar el rumbo de sus vidas. En otras palabras, su capacidad de construir un futuro diferente es mínima.

La cuestión es: ¿Debemos mostrar el futuro? ¿Es bueno para nuestros consultantes conocer su futuro? ¿Será que con eso no estamos reforzando una cierta tendencia de irresponsabilidad por nuestras vidas, dejando de tomar actitudes que nos llevarían a cambiar, aunque sea apenas una pequeña parcela? ¿Será que con eso no estamos reforzando la creencia de que no somos los propietarios de nuestro destino, que somos una especie de marionetas víctimas de las "todopoderosas" circunstancias?

Especialmente en países que guardan todavía profundas memorias del tiempo de la esclavitud: "Nada puedo hacer para mejorar mi vida, que depende completamente de la voluntad de mi amo, del patroncito, de mi marido, de Dios..."

Tenemos que fortalecer la capacidad que la persona tiene de dirigir su propia vida, ayudándole a sentirse capaz, libre, valorizado. Por eso, hay que identificar los patrones de pensamiento-conducta no funcionales, para liberar a la persona de círculos viciosos de acción y reacción. Esto será siempre más eficaz que hacer previsiones, incluso dejando claro que lo que viene ahí es el fruto de nuestro pasado y presente.

Un ejemplo: Es preferible explicarle a nuestra consultante con un pasado de relaciones muy sufridas, qué tipo de conducta y creencias hacen que ella siempre atraiga un cierto tipo de hombre, y así, incentivarla a cambiar su conducta, en lugar de contarle que por ahí está llegando un hombre que la va a hacer feliz o que no vemos en su futuro a nadie que la vaya a hacer feliz.

He observado en los cursos que doy desde 1987 que para hacer un buen trabajo con el Tarot no basta conocer las cartas, hay que tener un cierto grado de intuición y entender, que el objetivo de la consulta, es proveer al consultante de herramientas que le ayuden a construir la vida que él o ella desea.

Es fundamental que nosotros, tarólogos, tengamos una comprensión vivencial y profunda de cada una de las cartas. Especialmente de los Arcanos Mayores, expresiones simbólicas de Arquetipos o Principios Universales, que existen en nuestro inconsciente personal y colectivo, y que constituyen el esqueleto de nuestro psiquismo.

Tenemos que traer hacia la consciencia los desdoblamientos insconscientes de cada Arcano, zambulléndonos en cada carta, observando nuestras propias dificultades para vivenciar sus diferentes aspectos. Si la persona, por ejemplo, tiene la Luna en la posición de la Necesidad Interna, ¿qué elementos vamos a tener para ayudarle en la batalla con sus miedos, si nosotros nunca lo hicimos? ¿si nos negamos a enfrentar nuestra sombra? Con el Demonio en la posición del Método, ¿cómo vamos a facilitar que la persona exprese su lado instintivo si nosotros, tal vez queriendo agradar continuamente a los demás, no nos permitimos "soltar los bichos" y seguimos reprimiendo nuestros instintos? …no vamos a poder ayudarles. Los Arcanos Mayores son para el tarólogo, y también para el no tarólogo, un excelente camino terapéutico porque nos llevan, si estamos dispuestos a profundizar, a enfrentarnos con nosotros mismos en una secuencia (del Loco, el niño y el potencial absoluto hasta el Universo, la síntesis final y la consecuente transcendencia), que va a tocar los fundamentos básicos de nuestra estructura psíquica y consecuentemente los referenciales de todas nuestras actitudes energéticas, mentales, emocionales y prácticas frente a la vida.

Puede ser difícil abandonar por un rato la comodidad de nuestros consultorios y enfrenar este streaptease psíquico. Son muchas las preguntas que pueden doler en heridas escondidas. ¿Qué hice con mi alegría y espontaneidad infantil? ¿Y con mis ideales y creatividad de adolescente? ¿Cómo está mi lado femenino? ¿Y el masculino? Si hay cosas en mi vida que no me gustan, ¿por qué no las cambio? ¿Qué haría si no tuviese miedo? ¿Qué es lo que estoy escondiendo de mí mismo? ¿Soy feliz en mi matrimonio?

Este encuentro sincero y profundo con cada uno de los 22 pilares de nuestra psique, resulta no sólo en un conocimiento más profundo de las cartas, también nos puede llevar a dar un gran salto hacia adelante en múltiples facetas de la vida, especialmente en el aspecto del auto-conocimiento.

Por: Veet Pramad